domingo, 8 de julio de 2007

Güevéjar, Cogollos Vega y Alfácar


Mas ahora el viajero, tan cerca de la capital, retardará voluntariamente su entrada y se desviará hacia los pueblos del este. Se adentrará en la sierra de Cogollos, pasará por Güevéjar, llegará a Alfacar, probará el delicioso pan y la delgadísima agua del lugar, y entre este pueblo y Víznar tendrá la obligación de detenerse en el barranco junto a la Fuente Honda y pasear por lo que hoy es simplemente parque.


Allí, un día violento, la poesía se hizo tierra y habitó entre nosotros: allí mismo, por complejas fórmulas y ecuaciones biológicas que el viajero tiene derecho a ignorar, sabrá con total certeza que el cuerpo de Federico García Lorca está hecho monte, seto, árbol y flor. El viajero rezará cualesquiera versos del poeta, beberá de la fuente, levantará los ojos –a poder ser despacio– hacia la ciudad que tiene tan cerca, y se dirigirá ya resueltamente hacia ella.

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