miércoles, 5 de marzo de 2014

Treinta doblones de oro


En las postrimerías del siglo XVII, la esplendorosa Sevilla languidece al perder su monopolio de los negocios de ultramar, como consecuencia de las nuevas leyes de la Contratación, que benefician a Cádiz.En un noble caserón, el joven Cayetano sirve como contable de don Manuel de Paredes, cuando se recibe una fatal noticia: el navío Jesús Nazareno se ha hundido por un temporal; la preciada carga se ha perdido en el fondo del mar, naufragando las últimas esperanzas de salir de la ruina de don Manuel, su esposa y su servidumbre, que habían invertido todos sus bienes en la empresa.La casa y las pertenencias familiares están hipotecadas y se presenta un porvenir incierto... No obstante, se enciende una luz de esperanza gracias a unas propiedades heredadas en las Islas Canarias. Hay pues que viajar allá y afrontar peligros y adversidades... Sin perder el tono aventurero, el autor nos introducirá en el misterio profundo del ser humano, sus temores, sus dudas y sus esperanzas, entre originales episodios llenos de humor y vitalidad.

Título: Treinta doblones de oro.

Autor: Jesús Sánchez Adalid.
Nº de páginas: 432.
Editorial: Ediciones B, S. A.
Encuadernación: Tapa dura.
ISBN: 9788466654043.

Año edición: 2013.

viernes, 28 de febrero de 2014

La bandera verde y blanca, ¿la más antigua de Occidente?

Decir que este artículo es un recorrido cronológico por la bandera andaluza es quizá incorrecto, puesto que sería más de justicia decir que es un recorrido por los colores históricos que han marcado la simbología e iconografía política, ideológica y de poder -propio, claro- de Andalucía.

El V Congreso del Andalucismo histórico, celebrado en Almería en el año 1991, nos reveló un dato impresionante: la Verde y Blanca tenía más antigüedad de lo que se creía. Efectivamente, durante el reinado de Al-Mu'tasim, el rey poeta, entre los años 1051 y 1091, existió un visir llamado Abú Asbag Iben Arqam que nos describió con claridad meridiana dicha enseña y como ésta pendía desde las murallas de la Alcazaba almeriense.

Abú Asbag Iben Arqam, nacido en Guadix, vivió en Almería, ciudad en la que ocupó cargos públicos debido a su actividad política, que conciliaba con su amor por la poesía y la literatura. Compuso un bello poema, tal y como lo describía el arabista Henri Pérès en su obra “Esplendor de Al-Andalus” que representa el documento más antiguo que menciona la enseña nacional de Andalucía. Sus versos testimonian la autenticidad de lo descrito anteriormente habiendo cumplido más de novecientos años de existencia.



“Una verde bandera 
que se ha hecho de la aurora blanca 
un cinturón, 
despliega sobre ti 
un ala de delicia. 
Que ella te asegure la felicidad 
al concederte un espíritu triunfante.”


Otras historias y leyendas:


Hagamos ahora un recorrido más exhaustivo. Se dice que los turcos y otros pueblos afines orientales también enarbolaron, con un claro carácter de bandera, el llamado Estandarte del Profeta, como equivalente a "convocar al pueblo musulmán", y su color "El Verde" del Islam. Se debe tener en cuenta que la aceptación de esta enseña, que convocaba a los pueblos, no presuponía la necesidad de ser de raza árabe, sino la aceptación de una llamada y de un respeto al símbolo profético. 

El blanco, que en el Islam representa la sunna del Profeta Muhammad, pero también significa en términos heráldicos universales "parlamento o parlamentar", lo que unido a verde sería, en estricta expresión, "convocar al pueblo a parlamentar". Y como toda bandera, significa también, en sentido genérico, "acogerse a un agrupación genuina o ideal determinado".

Así, convocando a la unidad del pueblo andalusí, será la causa de los Omeyas y el califato cordobés el que utilizará el pendón de tafetán verde o bandera de seda muy tupida que en campaña se llevaba hechas jirones, sustituyendo cualquier tipo de escudo por algún signo místico o versículo coránico, pudiendo apreciarse algunos simples adornos, franjas de oro o, simplemente, la media luna blanca. Otros hablan de que el verde de la bandera iba sólo adornado en su centro con un alfanje bordado en plata. 



756: El Emirato Omeya de Córdoba de Abderramán I adopta el estandarte blanco como distintivo ante el negro abbasí, además de otros símbolos como el león rampante -antes que Castilla existiera-, la media luna creciente, o la estrella de ocho puntas.

La tradición que da origen a la leyenda de la bandera andaluza, está, sin duda, vinculada a estos dobles deseos, políticos y religiosos, de la unidad andalusí. Fueron, entonces, y lo son, hoy en día, los colores de Andalucía; pues, se trata de dos elementos fundamentales para la constitución del hecho andaluz, sin el cual no es posible entender la razón de ser de Andalucía.


929: El Califato de Córdoba, dentro de la misma dinastía, suma a los anteriores símbolos nacionales otros como la bandera verde o el águila-“águila de sable” en lenguaje heráldico-.



1051: Bandera de Al Mutasim de Almería.

Se cuenta también una historia almohade. Según estas leyendas, un wali mogrebí que ejercía su magisterio entre los pueblos del Atlas, posiblemente en los inicios del s. XII, tuvo una visión en la que un ángel le revelaba un imperio unido a las orillas del estrecho: el "verde" paraíso del Al-Andalus y el "blanco" y mesiánico Al-Mogreb. La visión, según la leyenda, fue simbolizada en una enseña o pendón partido diagonalmente de tal forma que el triángulo superior (esto es, el "sur") en blanco, significaba los pueblos mogrebíes que un día serían convocados por el Mahdí anunciado por Muhammad. En el año 1146 cruza el estrecho Abdelmumen, sucesor de Tumart, soñando, una vez más, con la Isla Verde (Gibraltar) y los antiguos señoríos de Don Julián, Conde de los Esparteros, Señor de las Marismas, según la Crónica general de España. 

Los Almohades o "unitarios" radiarán desde Sevilla un nuevo poder, una nueva esperanza musulmana. Vencerá Abuyacub en Ataquines (Valladolid), y triunfará el sultán sevillano Abū Yūsuf Ya'qūb al Mansūr en Alarcos, en 1195. De esta forma, volvemos a tener noticias de la tradición, casi mítica, de una bandera verde y blanca que ondeó en la Mezquita Aljama de Sevilla "hacia el año 1198" (fecha que consignaba en sus escritos Blas Infante), año que coincide con el de la muerte de este Yacub ben Yusuf "El vencedor". 


1195 - 1198: Una bandera mitad verde mitad blanca en diagonal ondea en la Giralda de Sevilla como celebración de la victoria andalusí en la batalla de Alarcos el 19 de Julio de 1195.


Cabe, pues, deducir que dicha bandera otra vez como ocurrió en Almería (1051 y 1091) debió ser colocada en el alminar de la aljama sevillana entre 1195 y 1198, bien para celebrar la victoria de Alarcos, o bien para exaltar la figura de este nuevo al Mansūr, muerto en loor de multitudes, y posiblemente glorificado desde el minbar (púlpito) en sus honras fúnebres. Leyenda, personaje, fechas y bandera que compaginan muy bien con la mística político-religiosa de aquel soñado imperio almohade.



1483: La Casa de Cabra incorpora a su escudo familiar 22 banderas incautadas a Boabdil, 18 de ellas verdes y blancas, con lunas crecientes y estrellas de ocho puntas. Algunas de ellas pueden verse en los escudos del Ducado de Alba, de Fernández de Córdoba, y de la localidad de Comares.


La tradición de la bandera verde y blanca fue languideciendo aunque conservada, sin duda, en determinados estamentos populares, especialmente de origen morisco, ya que después de la conquista fernandina (la occidental en el s. XIII, y la oriental en el XV), y pese a que durante mucho tiempo -todavía hoy perceptible- Andalucía fue anulada como pueblo autóctono peninsular, un cierto sentir "subterráneo" se mantuvo dando ciertas muestras de vigor andalusí en el transcurso de los dos siglos posteriores. Así, por ejemplo, relatan los historiadores de Sevilla, según apuntes recogidos por Manuel Chaves, con motivo del motín producido en el barrio de la Feria, en el año 1521, y que alzó en abierta rebelión al pueblo hambriento de la capital andaluza, que los amotinados recorrieron la ciudad enarbolando un antiguo estandarte conquistado a los musulmanes en tiempos de Alfonso X El Sabio, y que se guardaba en el templo de Omnium Sanctorum. Este estandarte, de tela verde, vino a dar nombre histórico a aquel conato de sublevación, conocido como "El Motín del Pendón Verde".


1521: Sucesos del conocido como Motín del Pendón Verde, en que la población de Sevilla se arremolina y subleva contra las autoridades enarbolando un antiguo pendón andalusí guardado en la parroquia de Omnium Sanctorum.


Granada, Córdoba, Málaga y Cádiz han sido siempre territorios de prestigio revolucionario, capaces de servir -en opinión del propio Blas Infante- de cauce adecuado a la dirección de movimientos nacionalistas andaluces, aspiraciones autonómicas y proclamas liberalistas.

En su obra sobre "La verdad del complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía" escribe Infante: "Cuando el Duque de Medina Sidonia intentó imitar a Portugal en la acción de levantarse contra Felipe IV (1642) y quiso proclamarse Rey de Andalucía, no osó acariciar el disparatado proyecto de extender su reinado a toda Andalucía; ni estuvo nunca esta idea en el pensamiento de su mentor y primo, el Marqués de Ayamonte, don Francisco Manuel Silvestre de Guzmán, a quien costará la cabeza la ayuda prestada a su cobarde pariente. Antes por el contrario, los conquistadores, según prueban los archivos moriscos y silencian las historias españolas (historias asimilistas), protegidos por Portugal, Holanda, Inglaterra y Francia, sobre todo Francia, pusiéronse en relación con un caballero morisco, cristiano aparente, el cual habitaba en la Sierra de Gádor (Almería), y era descendiente de Mohamet VIII de Granada".



1641: El IX Duque de Medina Sidonia, en su rebelión para proclamarse Rey de Andalucía, con ayuda portuguesa, usa también la bandera verde y blanca, en esta ocasión en mitades verticales (además de la bandera familiar).


El caballero morisco almeriense que, en 1642, quiso asumir la empresa de proclamarse rey de Andalucía oriental y que comenzó por reivindicar su nombre árabe, Tahir Al Hor (El Halcón), alzó también la bandera verde y blanca, "convocando a la disensión", en franjas verticales de indudable paralelismo con la que será enseña portuguesa nacional y que ya los Braganzas de la sublevación militar utilizaron contra las tropas de Felipe IV. También los nobles y capitanes que secundan al Marqués de Ayamonte, en aquel fallido intento de "hazer República libre la Andalucía, o concitarla, para que otro se lebante por Rey" (citamos textualmente el documento de defensa presentado por don Francisco Manuel Silvestre de Guzmán ante el señor don Pedro de Velasco Medinilla, fiscal del Concejo), izarán los mismos colores andalucistas.

Tanto la empresa de rebelión encabezada por el Duque de Medina Sidonia, como la capitaneada por Tahir, encontraron en los judíos andaluces contribuciones y medios financieros para apoyar la libertad de Andalucía. No les faltaron alientos militares. Así, por ejemplo, El Halcón contaba especialmente con ejército compuesto por andaluces musulmanes, desterrados en Berbería y que el monarca de Marruecos intentó hacer llegar hasta las costas malagueñas. Precisamente allí, entre Estepona y Marbella, donde enarboló la verde y blanca, fue misteriosamente asesinado Tahir Al Hor mientras esperaba la llegada de las tropas andaluzas de Marruecos. Curiosa coincidencia, pues en aquellas mismas playas caerá fusilado, casi dos siglos después, otro rebelde libertario y legendario: Torrijos.

Ciertamente, desde la segunda mitad del s. XVII hasta pasado el primer cuarto del s. XIX, perdemos la pista a estos colores que, convertidos en símbolo de revolución, reaparecen (en dos franjas horizontales) en la llamada sublevación comunera de las mujeres de Casares (pueblo natal de Blas Infante). De este recuerdo, posiblemente materno, debió tomar de niño el propio Infante la certeza de ser el verde y el blanco el símbolo más reiterado en nuestro pueblo como bandera de la liberación de Andalucía. Signo de "regeneración" política, social y económica, y de "renacimiento" cultural y humano.



1868-1883: Diversas banderas se ven en el período comprendido entre el Glorioso de 1868, la Revolución Cantonalista de 1873, los sucesos de la Mano Negra y la Constitución Cantonalista de 1883, mezclando al verde y blanco el negro libertario y el rojo socialista, algunas de las cuales se presentan como posibles tanto en la Constitución de 1883 como en las asambleas andalucistas de Ronda y Córdoba. Quizá la más famosa sea la levantada por las mujeres de la Comuna de Casares mitad superior verde e inferior blanca.


Hay lagunas históricas y etapas de la vida andaluza que tendríamos que investigar muy a fondo para analizar las reacciones internas del pueblo andaluz durante los siglos de mayor presión absolutista del Poder Central. Pues es indudable que tuvieron que existir unos mecanismos de adaptación, a nivel de base popular, que permitieran a los andaluces aprender unas formas de convivencia que les hiciera posible seguir siendo andaluces.


1919: La Asamblea Regionalista de Córdoba aprueba como bandera para Andalucía la verde, blanca y verde, a franjas iguales, a instancias de la Asamblea Regionalista de Ronda un año antes.

Liberalistas como Blas Infanteo Álvarez Ossorio reconocen que se abandonaron el negro “por el luto de los caídos” porque “había que cambiarlo por la alegría”, y el rojo “por la sangre vertida” porque “estimulaba a venganzas que había que desterrar” (Conferencia de D. Juan Álvarez Osorio en el Club d’amics de les nacions unides de Barcelona, 23/Octubre/1976).

En esa misma Asamblea, se recoge otra modalidad distinta de bandera con dos franjas horizontales iguales blanca y verde (justo al contrario que la de Casares).



Será en 1918, en la Asamblea Andalucista de Ronda, presidida por Blas Infante, en los salones del Casino de Artistas, donde se determinará definitivamente la bandera de Andalucía, votándose que ésta se confeccionará en tres franjas iguales y horizontales, verde, blanca y verde, tal como en la actualidad se conoce, consagrándose como enseña en el Estatuto de Autonomía de 1981. Debemos advertir que los colores allí elegidos corresponden a los primitivos pendones del Califato cordobés y del Imperio Almohade; es decir, "verde botella", o más exactamente "verde omeya" y "blanco almohade","porque sus colores -dice Blas Infante- eran los más apropiados para representar la empresa de la restauración de un pueblo, nunca bélico y siempre creador de culturas originales, directoras de la humanidad, como lo fue Andalucía".


1932: La Comisión Organizadora de la Asamblea Regional de 1932 asume, por primera vez desde un organismo oficial, la bandera verde, blanca y verde como bandera de Andalucía, en principio sin escudo.


sábado, 22 de febrero de 2014

Paisano Antonio

Mi infancia también son recuerdos de un patio de Sevilla, paisano Antonio. Y de palomas blancas revoloteando un parque donde arrulla el agua de una fuente en forma de sirena. Y de flores de naranjo cuya esencia te envuelve al llegar la primavera. Y de callejas, plazas y alcázares cristianos donde se duerme el silencio, entre arrayanes y sombras, entre palmeras al viento, entre estanques y jardines donde se hilvanan los versos de los poetas más hondos, de los poetas eternos.

De los poetas eternos, paisano Antonio. Poetas como su hermano Manuel, tan injustamente olvidado. Ese sí que era un poeta excelente, de prosa íntima y delicada que ahondaba en el profundo amor que sentía por esta tierra y no usted, absolutamente mediocre e idealizado.

Al igual que usted, yo también tuve que emigrar, abandonando mi tierra. Fui desterrado en contra de mi voluntad por culpa de una maldita crisis que me tocó padecer, buscan o refugio en otro país, en otra cultura, en otra vida tan distinta a la mía. Pero no por ello olvidé nunca mis orígenes. Antes preferiría la muerte. Por eso, mientras tenga la ocasión, la defenderé contra viento y marea, por más ríos castellanos que me encuentre entre grises peñas o por más que me duela el corazón por el amor de una mujer. Yo amaré Andalucía mientras viva. Ayer, hoy y siempre. Esté donde esté. No como usted, que odiaba profundamente esta tierra, tal y como dejó patente en las cartas que envió a muchos de sus amigos. Así le hablaba de Baeza a su amigo José María Palacio:

"Esta tierra es casi analfabeta. Soria es Atenas comparada con esta ciudad donde ni aún periódicos se leen" (Ep 101).

Luego vendrían las confidencias a Miguel de Unamuno en 1914, donde confesaba sentirse "resignado" en este "poblachón moruno sin esperanzas de salir de él" (Ep 132), y, en otra, al año siguiente, a Juan Ramón Jiménez, se quejaba: "Llevo ocho años de destierro y ya me pesa esta vida provinciana en que acaba uno por devorarse a sí mismo" (Ep 137).

De esta otra forma criticaba a los habitantes de la ciudad que le había visto nacer un 26 de julio de 1875 en una de las dependencias del Palacio de Dueñas:



¡Oh, maravilla,

Sevilla sin sevillanos,
la gran Sevilla!
Dadme una Sevilla vieja
donde se dormía el tiempo
con palacios con jardines,
bajo un azul de convento.
Salud, oh sonrisa clara
del sol en el limonero
de mi rincón de Sevilla,
¡oh alegre como un pandero,
luna redonda y beata
sobre el tapial de mi huerto!
Sevilla y su verde orilla,
sin toreros ni gitanos,
Sevilla sin sevillanos,
¡oh maravilla!



Por todo ello es por lo que, en estos días, me acuerdo más de su hermano, Manuel Machado, poeta entre poetas, un profundo enamorado de mi patria, de las tierras y las costumbres de Andalucía. Y, espero que sea a él, y no a usted, a quien mi pueblo le levante el más grande de los monumentos.




domingo, 9 de febrero de 2014

Los vientos huracanados en la historia de Sevilla

Sevilla, como todas las ciudades del mundo, sufrió a lo largo de su historia grandes huracanes, torbellinos y tornados. El hecho, a veces, quedó registrado en las actas capitulares de su cabildo, en las partidas sacramentales de sus parroquias o en los libros de sus eruditos. Otras se silencian, porque en pasados siglos no existían los diarios de información y los anales de la ciudad no reflejan todos los acontecimientos que deberían ser reseñados. Tomamos hoy el testimonio que nos dejaron las obras de Francisco de Borja Palomo, Justino y Gaviria, Guichot y Parody, Ortiz de Zúñiga y Francisco Ariño.

Antiguo yâmûr
de la Giralda.
El terrible huracán, acompañado de temblor de tierra, que se desencadenó sobre Sevilla el día 24 de agosto de 1396, produjo infinitos daños en la población; uno de los más sensibles fue el de haberse tronchado la gran espiga que atravesaba por el centro las cuatro esferas que remataban el alminar de la antigua mezquita árabe, las cuales, perdiendo su equilibrio y desprendiéndose de su eje, se precipitaron en el vacío, haciéndose pedazos contra el pavimento formado por la gran azotea de la atalaya.

El 22 de junio de 1594 tuvo lugar un gran temporal de aire y polvareda sobre Sevilla. El hecho sucedió entre las tres y las cuatro de la tarde. El fenómeno se repitió a la misma hora el 22 de julio. causando grandes destrozos en las torres y campanarios de la ciudad. El 20 de octubre de 1603 sobrevino una gran tempestad de aire, desde las cinco de la tarde hasta las once de la noche. Y el 21 de marzo de 1608 se originó una tormenta de viento sobre la capital de Andalucía, fenómeno que se repitió el 13 de marzo de 1651.

Quizás, el documento más curioso lo encontramos en el archivo de la iglesia de Omnium Sanctorum, donde en una partida del 11 de febrero de 1626 se dice que "un viento con la mayor pujanza que se ha visto en nuestros tiempos, motivó daños por valor de muchos millones de maravedíes; por causa de él murieron algunas personas y quedaron destruidos gran parte de los tejados de las casas de la calle de la Feria."

La mayoría de los escritores antiguos de nuestra ciudad relacionan estos huracanes, torbellinos y tornados con hechos históricos que tuvieron lugar por aquel tiempo como partos de príncipes, viajes regios, guerras o calamidades públicas. Uno de ellos, Montes de Oca, hace coincidir el terremoto del 1 de noviembre de 1755 con un viento huracanado "que sembró el pánico y el miedo en la ciudad, que miraba cómo se movía, agitada como una palmera, la parte superior de la Giralda".

Tuba fotografiada en la Isla de la Cartuja en 2005.
Fuente: Blog Tormentas y Rayos, de J. L. Escudero.

Pero no solo en las leyendas y mitos de la ciudad permanece imborrable el recuerdo de las inclemencias meteorológicas. El 27 de diciembre de 1978 se produjo un tornado en el aeropuerto de Sevilla. Entonces se clasificó como uno de los más potentes acaecidos en España desde que se tienen registros. Este tornado, de magnitud 3 en la escala de T. Fujita, destrozó por completo el aparcamiento de la terminal del aeropuerto y dañó varios coches que se encontraban estacionados. Uno de los camareros del avión-bar del aeropuerto lo contaba entonces así para ABC: "El cielo se puso negro y oímos un fuerte silbido. Vimos cómo aquello venía hacia nosotros. De pronto, nos envolvió, rompió los cristales y tiró el avión". Efectivamente, el aparato había sido arrancado de los soportes de cemento que lo sujetaban y había roto igualmente unas agarraderas metálicas que reforzaban el ensamblaje. Yacía a varios metros de distancia de la cafetería. Las ruedas estaban mirando hacia arriba y estructura aparecía rota hacia la mitad.

Según la nota de prensa del Departamento de Meteorología del aeropuerto de San Pablo, la ola violenta de viento pasó por las inmediaciones a las 11:45. Se formó -dice la nota- en la base de un cúmulo-nimbo, un remolino de aire semejante a un pequeño tornado. La velocidad del viento en cabecera de pista era en ese momento de treinta y siete nudos. El efecto de succión del fenómeno meteorológico sobre barógrafo fue de 1,2 mm. El observatorio meteorológico no ha podido apreciar el fenómeno en toda su magnitud, ya que el recorrido del remolino se ha efectuado a lo largo del trayecto comprendido entre la terminal y la carretera general.

Destrozos causados por un tornado en El Viso del Alcor.
No sólo la capital sevillana parece darle una buena razón al hermanamiento con Kansas City. En la provincia, estos fenómenos no son para nada anormales. Un tornado F-2 provocaba daños materiales en Gilena el 15 de agosto de 1996, días después del desastre de Biescas, mientras que el 4 de noviembre de 2012 otro tornado hacía su acto de aparición en los municipios de Mairena y El Viso del Alcor, a 28 km de la capital.

Por último, comentar que en los últimos quince años se han producido en Sevilla capital rachas de viento superiores a los 100 km/h. El 22 de enero de 2013, los anemómetros de la Agencia Estatal de Meteorología registraron la cifra de 103,7 kilómetros por hora en el aeropuerto de San Pablo como racha máxima. Este registro no se alcanzaba en la capital desde el 31 de diciembre de 1998. Aquel día soplaron vientos de 115 kilómetros por hora. La fuerza del aire derribó el muro del antiguo del Bazar España, que cayó sobre una parada del autobús causando la muerte a cinco personas que esperaban la llegada del transporte público en la avenida de Miraflores. 

Fuente: ABC.

jueves, 30 de enero de 2014

La Virgen del Rocío y el Cristo del Amor de Sevilla en la Antártida

Hace justamente un año, el día 30 de enero de 2013, la Base Antártica del Ejército de Tierra «Gabriel de Castilla», situada en dicha isla, está presidida por sendas imágenes de Nuestra Señora del Rocío y del Santísimo Cristo del Amor, donadas por estas mismas hermandades a la XXVI Campaña Antártica del Ejército de Tierra.

Las imágenes están colocadas en el exterior de la Base, al pie del monolito de la misma, y orientadas a la bahía interior, una caldera inundada por el mar del volcán activo en esa isla.

Las imágenes partieron con la expedición en noviembre del citado año desde el puerto de Cartagena, y se encuentran en unas hornacinas protectoras traídas expresamente desde España. Éstas están rodeadas de huesos, vértebras y costillas de ballenas, así como rocas volcánicas, que conforman el monolito de la base española.

La presencia de estas imágenes de la Blanca Paloma y del Cristo del Amor ha sido posible gracias al interés mostrado por el comandante jefe de la Base Antártica española, Álvaro Kromer Espejo, sevillano de nacimiento y además hermano de la Hermandad del Amor. Tanto la Hermandad del Rocío de Sevilla como la corporación del Domingo de Ramos mostraron su ilusión por participar en este proyecto antártico, que servirá para hacer aún más universal estas advocaciones.

Ahora, Nuestra Señora del Rocío y el Santísimo Cristo del Amor presiden la bahía interior de Puerto Foster, protegiendo no sólo a las tropas españolas allí destinadas, sino también a aquellos aventureros que cada año se deciden a realizar actividades en aquellas tierras allende los mares.

Fuente: ABC.

jueves, 23 de enero de 2014

Las Cadenas de la Catedral


Las cadenas de la catedral de Sevilla representaban el límite de la jurisdicción civil. Se pusieron en 1565 para evitar que los mercaderes de las gradas que rodeaban al recinto, entraran con cabalgaduras en los días de mal tiempo para refugiarse. También servían para acogerse al derecho de asilo que los ciudadanos desesperados imploraban ante la dureza que demostraba la justicia ordinaria en aquel momento: siglo XVI. Este derecho, impedía que los representantes de la justicia penetraran en lugares sagrados para ejecutar sus acciones.

Esta disposición de las cadenas en torno al edificio, propiciaba roces y pleitos entre las distintas jurisdicciones que tardaban largos períodos de tiempo en resolverse.

Al hecho de refugiarse de esta forma se le conoce como retraimiento. No siempre era respetado y dependía del grado del delito cometido. Un ejemplo lo tenemos en el escribano de su majestad Diego de Marchena que en 1524 asesinó a su esposa y se refugió en el monasterio de la Santísima Trinidad. Lo sacaron y lo ahorcaron en el “mármol de la cuadra” de la plaza de San Francisco, junto a la Audiencia.

Como vemos, las cadenas eran frontera de la vida ajetreada del exterior del recinto catedralicio y de la paz y sosiego imperantes en el interior del recinto sagrado.

Fuente: Catedral de Sevilla.

jueves, 16 de enero de 2014

El expolio artístico de Sevilla durante la invasión francesa (Segunda parte)

Francisco Pacheco - El Juicio Final, 1611 - 1614.
Musée Goya, Castres, Francia.

Larga es, por lo tanto, la nómina de pinturas de primera categoría que Sevilla perdió durante la invasión francesa de las cuales enumeramos aquí las más importantes como El Descendimiento de Pedro de Campaña, que procedente del Monasterio de Santa María de Gracia se llevó a París el afrancesado José María Aguado, Marqués de las Marismas. También las dos mejores obras que Pacheco pintó en su vida fueron sacadas de la ciudad como Cristo servido por los ángeles en el desierto que pertenecía al refectorio del convento de monjas de San Clemente y El Juicio Final procedente de la iglesia del Convento de Santa Isabel. Ambas pinturas se conservan actualmente en el Museo de Castres en Francia. De Juan de Roelas se llevaron la espléndida Inmaculada con el retrato de Fernando de Mata, que ha terminado formando parte de la Gemaldegalerie de Berlín y de Herrera el Viejo y Zurbarán se apropiaron de la serie de pinturas que decoraban la nave principal del Convento de San Buenaventura dispersa actualmente en distintos museos extranjeros. También el espléndido conjunto pictórico de Alonso Cano dispuesto en el retablo de San Juan Evangelista en la iglesia del Convento de Santa Paula fue indignamente saqueado por Soult quien se la quedó en propiedad dispersándose posteriormente las obras por distintos museos del Mundo.

Pero fue Murillo el objetivo primordial del expolio de Soult y así salieron de Sevilla las primeras obras de la producción de este artista que era la serie de diez lienzos que decoraba el Claustro Chico del Convento de San Francisco y que hoy está repartida por distintas pinacotecas. También Soult obligó a los canónigos de la Catedral de Sevilla a que le entregasen la magnífica representación del Nacimiento de la Virgen que hoy figura en el Museo del Louvre. Después expolió las cuatro espléndidas pinturas, todas de Murillo, que decoraban el interior de la iglesia de Santa María la Blanca y tuvo especial empeño en sustraer La Inmaculada que figuraba en un altar de la iglesia del Hospital de los Venerables que es, sin duda, la obra más bella que sobre este tema realizó este artista. Pero la mayor complacencia que pudo sentir la rapacidad del ilustre Mariscal Soult fue llevarse cuatro hermosas pinturas de Murillo que decoraban la iglesia del Hospital de la Santa Caridad y que pasaron a decorar su lujosa mansión parisina.

Como dolorosas reflexiones a esta evocación final del despojo artístico sevillano acometido por los franceses he de señalar mi más enérgico rechazo ante la actitud que todavía mantienen en nuestros días algunos historiadores del arte extranjeros. En efecto, algunos hispanistas señalan que los españoles debemos de estar muy orgullosos y satisfechos del saqueo puesto que por esta causa pudo difundirse a escala universal la grandeza y la importancia de la pintura hispana ya que, como consecuencia del expolio, los pintores españoles alcanzaron fama mundial. Frágil y absurda excusa es ésta y por otra parte falaz ya que antes de que se produjese el robo de nuestras obras de arte los pintores de arte eran ya famosos y apreciados.

En efecto, los expoliadores vinieron a Sevilla con una lista perfectamente configurada de aquellas obras que debían sustraer. Ciertamente, los individuos de la rapiña habían constituido previamente el Diccionario de Artistas Españoles realizado por Agustín Ceán Bermúdez en 1800. En este texto subrayaron las obras que eran de interés para el museo napoleónico y procedieron sistemáticamente a despojar los lugares donde se encontraban. Interesante es recordar aquí el poco conocido testimonio que de ello ofrece José María Asensio en 1886 en las páginas de su libro sobre Pacheco cuando recoge la narración de cómo en 1810 fue sustraído el cuadro del Jucio Final de dicho artista del convento sevillano de Santa Isabel en los siguientes término: “Este magnífico cuadro fue arrancado de su lugar, que era el altar de la iglesia del Convento de Santa Isabel durante la permanencia del Mariscal Soult en Sevilla. Informes de un testigo presencial permiten asegurar que el individuo encargado de recogerlo entró en la iglesia llevando en la mano un tomo del Diccionario Histórico de los más Ilustres Profesores de Bellas Artes de Ceán Bermádez y después de examinar el cuadro y leyendo a la vez la descripción, subió al altar y cortó el lienzo con una navajilla". 


En numerosas ocasiones y en medios artísticos sevillanos se ha planteado una reclamación internacional para que los cuadros expoliados sean devueltos a Sevilla, tarea sin duda heroica que se estrellaría contra las normas que rigen este tipo de actuaciones en el pasado que señalan que todo tipo de actuación ilícita con respecto a las obras de arte caducan pasados cien años. Por lo tanto, es de lamentar que en nuestros días dicha reclamación no sea factible de ser realizada.

Nos queda tan solo la esperanza de que tales barbaridades culturales no se vuelvan a repetir y también la satisfacción de que Sevilla haya sido protagonista de un esplendor artístico cuya fama superó con mucho las fronteras de la urbe hispalense alcanzando renombre internacional. Mientras tanto, en el Inventario de los cuadros sustraídos por el gobierno intruso en Sevilla en 1810, que con tanto entusiasmo e indignación publicó Gómez Imaz, queda perpetua memoria del infame atropello que en nombre de Napoleón sufrió el patrimonio cultural de esta ciudad.

Fuente: "El expolio artístico de Sevilla durante la invasión francesa". Enrique Valdivieso. Colección: M. B. vol. XXXVII. 2009; Pagina: pp. 261-267.