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viernes, 28 de febrero de 2014

La bandera verde y blanca, ¿la más antigua de Occidente?

Decir que este artículo es un recorrido cronológico por la bandera andaluza es quizá incorrecto, puesto que sería más de justicia decir que es un recorrido por los colores históricos que han marcado la simbología e iconografía política, ideológica y de poder -propio, claro- de Andalucía.

El V Congreso del Andalucismo histórico, celebrado en Almería en el año 1991, nos reveló un dato impresionante: la Verde y Blanca tenía más antigüedad de lo que se creía. Efectivamente, durante el reinado de Al-Mu'tasim, el rey poeta, entre los años 1051 y 1091, existió un visir llamado Abú Asbag Iben Arqam que nos describió con claridad meridiana dicha enseña y como ésta pendía desde las murallas de la Alcazaba almeriense.

Abú Asbag Iben Arqam, nacido en Guadix, vivió en Almería, ciudad en la que ocupó cargos públicos debido a su actividad política, que conciliaba con su amor por la poesía y la literatura. Compuso un bello poema, tal y como lo describía el arabista Henri Pérès en su obra “Esplendor de Al-Andalus” que representa el documento más antiguo que menciona la enseña nacional de Andalucía. Sus versos testimonian la autenticidad de lo descrito anteriormente habiendo cumplido más de novecientos años de existencia.



“Una verde bandera 
que se ha hecho de la aurora blanca 
un cinturón, 
despliega sobre ti 
un ala de delicia. 
Que ella te asegure la felicidad 
al concederte un espíritu triunfante.”


Otras historias y leyendas:


Hagamos ahora un recorrido más exhaustivo. Se dice que los turcos y otros pueblos afines orientales también enarbolaron, con un claro carácter de bandera, el llamado Estandarte del Profeta, como equivalente a "convocar al pueblo musulmán", y su color "El Verde" del Islam. Se debe tener en cuenta que la aceptación de esta enseña, que convocaba a los pueblos, no presuponía la necesidad de ser de raza árabe, sino la aceptación de una llamada y de un respeto al símbolo profético. 

El blanco, que en el Islam representa la sunna del Profeta Muhammad, pero también significa en términos heráldicos universales "parlamento o parlamentar", lo que unido a verde sería, en estricta expresión, "convocar al pueblo a parlamentar". Y como toda bandera, significa también, en sentido genérico, "acogerse a un agrupación genuina o ideal determinado".

Así, convocando a la unidad del pueblo andalusí, será la causa de los Omeyas y el califato cordobés el que utilizará el pendón de tafetán verde o bandera de seda muy tupida que en campaña se llevaba hechas jirones, sustituyendo cualquier tipo de escudo por algún signo místico o versículo coránico, pudiendo apreciarse algunos simples adornos, franjas de oro o, simplemente, la media luna blanca. Otros hablan de que el verde de la bandera iba sólo adornado en su centro con un alfanje bordado en plata. 



756: El Emirato Omeya de Córdoba de Abderramán I adopta el estandarte blanco como distintivo ante el negro abbasí, además de otros símbolos como el león rampante -antes que Castilla existiera-, la media luna creciente, o la estrella de ocho puntas.

La tradición que da origen a la leyenda de la bandera andaluza, está, sin duda, vinculada a estos dobles deseos, políticos y religiosos, de la unidad andalusí. Fueron, entonces, y lo son, hoy en día, los colores de Andalucía; pues, se trata de dos elementos fundamentales para la constitución del hecho andaluz, sin el cual no es posible entender la razón de ser de Andalucía.


929: El Califato de Córdoba, dentro de la misma dinastía, suma a los anteriores símbolos nacionales otros como la bandera verde o el águila-“águila de sable” en lenguaje heráldico-.



1051: Bandera de Al Mutasim de Almería.

Se cuenta también una historia almohade. Según estas leyendas, un wali mogrebí que ejercía su magisterio entre los pueblos del Atlas, posiblemente en los inicios del s. XII, tuvo una visión en la que un ángel le revelaba un imperio unido a las orillas del estrecho: el "verde" paraíso del Al-Andalus y el "blanco" y mesiánico Al-Mogreb. La visión, según la leyenda, fue simbolizada en una enseña o pendón partido diagonalmente de tal forma que el triángulo superior (esto es, el "sur") en blanco, significaba los pueblos mogrebíes que un día serían convocados por el Mahdí anunciado por Muhammad. En el año 1146 cruza el estrecho Abdelmumen, sucesor de Tumart, soñando, una vez más, con la Isla Verde (Gibraltar) y los antiguos señoríos de Don Julián, Conde de los Esparteros, Señor de las Marismas, según la Crónica general de España. 

Los Almohades o "unitarios" radiarán desde Sevilla un nuevo poder, una nueva esperanza musulmana. Vencerá Abuyacub en Ataquines (Valladolid), y triunfará el sultán sevillano Abū Yūsuf Ya'qūb al Mansūr en Alarcos, en 1195. De esta forma, volvemos a tener noticias de la tradición, casi mítica, de una bandera verde y blanca que ondeó en la Mezquita Aljama de Sevilla "hacia el año 1198" (fecha que consignaba en sus escritos Blas Infante), año que coincide con el de la muerte de este Yacub ben Yusuf "El vencedor". 


1195 - 1198: Una bandera mitad verde mitad blanca en diagonal ondea en la Giralda de Sevilla como celebración de la victoria andalusí en la batalla de Alarcos el 19 de Julio de 1195.


Cabe, pues, deducir que dicha bandera otra vez como ocurrió en Almería (1051 y 1091) debió ser colocada en el alminar de la aljama sevillana entre 1195 y 1198, bien para celebrar la victoria de Alarcos, o bien para exaltar la figura de este nuevo al Mansūr, muerto en loor de multitudes, y posiblemente glorificado desde el minbar (púlpito) en sus honras fúnebres. Leyenda, personaje, fechas y bandera que compaginan muy bien con la mística político-religiosa de aquel soñado imperio almohade.



1483: La Casa de Cabra incorpora a su escudo familiar 22 banderas incautadas a Boabdil, 18 de ellas verdes y blancas, con lunas crecientes y estrellas de ocho puntas. Algunas de ellas pueden verse en los escudos del Ducado de Alba, de Fernández de Córdoba, y de la localidad de Comares.


La tradición de la bandera verde y blanca fue languideciendo aunque conservada, sin duda, en determinados estamentos populares, especialmente de origen morisco, ya que después de la conquista fernandina (la occidental en el s. XIII, y la oriental en el XV), y pese a que durante mucho tiempo -todavía hoy perceptible- Andalucía fue anulada como pueblo autóctono peninsular, un cierto sentir "subterráneo" se mantuvo dando ciertas muestras de vigor andalusí en el transcurso de los dos siglos posteriores. Así, por ejemplo, relatan los historiadores de Sevilla, según apuntes recogidos por Manuel Chaves, con motivo del motín producido en el barrio de la Feria, en el año 1521, y que alzó en abierta rebelión al pueblo hambriento de la capital andaluza, que los amotinados recorrieron la ciudad enarbolando un antiguo estandarte conquistado a los musulmanes en tiempos de Alfonso X El Sabio, y que se guardaba en el templo de Omnium Sanctorum. Este estandarte, de tela verde, vino a dar nombre histórico a aquel conato de sublevación, conocido como "El Motín del Pendón Verde".


1521: Sucesos del conocido como Motín del Pendón Verde, en que la población de Sevilla se arremolina y subleva contra las autoridades enarbolando un antiguo pendón andalusí guardado en la parroquia de Omnium Sanctorum.


Granada, Córdoba, Málaga y Cádiz han sido siempre territorios de prestigio revolucionario, capaces de servir -en opinión del propio Blas Infante- de cauce adecuado a la dirección de movimientos nacionalistas andaluces, aspiraciones autonómicas y proclamas liberalistas.

En su obra sobre "La verdad del complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía" escribe Infante: "Cuando el Duque de Medina Sidonia intentó imitar a Portugal en la acción de levantarse contra Felipe IV (1642) y quiso proclamarse Rey de Andalucía, no osó acariciar el disparatado proyecto de extender su reinado a toda Andalucía; ni estuvo nunca esta idea en el pensamiento de su mentor y primo, el Marqués de Ayamonte, don Francisco Manuel Silvestre de Guzmán, a quien costará la cabeza la ayuda prestada a su cobarde pariente. Antes por el contrario, los conquistadores, según prueban los archivos moriscos y silencian las historias españolas (historias asimilistas), protegidos por Portugal, Holanda, Inglaterra y Francia, sobre todo Francia, pusiéronse en relación con un caballero morisco, cristiano aparente, el cual habitaba en la Sierra de Gádor (Almería), y era descendiente de Mohamet VIII de Granada".



1641: El IX Duque de Medina Sidonia, en su rebelión para proclamarse Rey de Andalucía, con ayuda portuguesa, usa también la bandera verde y blanca, en esta ocasión en mitades verticales (además de la bandera familiar).


El caballero morisco almeriense que, en 1642, quiso asumir la empresa de proclamarse rey de Andalucía oriental y que comenzó por reivindicar su nombre árabe, Tahir Al Hor (El Halcón), alzó también la bandera verde y blanca, "convocando a la disensión", en franjas verticales de indudable paralelismo con la que será enseña portuguesa nacional y que ya los Braganzas de la sublevación militar utilizaron contra las tropas de Felipe IV. También los nobles y capitanes que secundan al Marqués de Ayamonte, en aquel fallido intento de "hazer República libre la Andalucía, o concitarla, para que otro se lebante por Rey" (citamos textualmente el documento de defensa presentado por don Francisco Manuel Silvestre de Guzmán ante el señor don Pedro de Velasco Medinilla, fiscal del Concejo), izarán los mismos colores andalucistas.

Tanto la empresa de rebelión encabezada por el Duque de Medina Sidonia, como la capitaneada por Tahir, encontraron en los judíos andaluces contribuciones y medios financieros para apoyar la libertad de Andalucía. No les faltaron alientos militares. Así, por ejemplo, El Halcón contaba especialmente con ejército compuesto por andaluces musulmanes, desterrados en Berbería y que el monarca de Marruecos intentó hacer llegar hasta las costas malagueñas. Precisamente allí, entre Estepona y Marbella, donde enarboló la verde y blanca, fue misteriosamente asesinado Tahir Al Hor mientras esperaba la llegada de las tropas andaluzas de Marruecos. Curiosa coincidencia, pues en aquellas mismas playas caerá fusilado, casi dos siglos después, otro rebelde libertario y legendario: Torrijos.

Ciertamente, desde la segunda mitad del s. XVII hasta pasado el primer cuarto del s. XIX, perdemos la pista a estos colores que, convertidos en símbolo de revolución, reaparecen (en dos franjas horizontales) en la llamada sublevación comunera de las mujeres de Casares (pueblo natal de Blas Infante). De este recuerdo, posiblemente materno, debió tomar de niño el propio Infante la certeza de ser el verde y el blanco el símbolo más reiterado en nuestro pueblo como bandera de la liberación de Andalucía. Signo de "regeneración" política, social y económica, y de "renacimiento" cultural y humano.



1868-1883: Diversas banderas se ven en el período comprendido entre el Glorioso de 1868, la Revolución Cantonalista de 1873, los sucesos de la Mano Negra y la Constitución Cantonalista de 1883, mezclando al verde y blanco el negro libertario y el rojo socialista, algunas de las cuales se presentan como posibles tanto en la Constitución de 1883 como en las asambleas andalucistas de Ronda y Córdoba. Quizá la más famosa sea la levantada por las mujeres de la Comuna de Casares mitad superior verde e inferior blanca.


Hay lagunas históricas y etapas de la vida andaluza que tendríamos que investigar muy a fondo para analizar las reacciones internas del pueblo andaluz durante los siglos de mayor presión absolutista del Poder Central. Pues es indudable que tuvieron que existir unos mecanismos de adaptación, a nivel de base popular, que permitieran a los andaluces aprender unas formas de convivencia que les hiciera posible seguir siendo andaluces.


1919: La Asamblea Regionalista de Córdoba aprueba como bandera para Andalucía la verde, blanca y verde, a franjas iguales, a instancias de la Asamblea Regionalista de Ronda un año antes.

Liberalistas como Blas Infanteo Álvarez Ossorio reconocen que se abandonaron el negro “por el luto de los caídos” porque “había que cambiarlo por la alegría”, y el rojo “por la sangre vertida” porque “estimulaba a venganzas que había que desterrar” (Conferencia de D. Juan Álvarez Osorio en el Club d’amics de les nacions unides de Barcelona, 23/Octubre/1976).

En esa misma Asamblea, se recoge otra modalidad distinta de bandera con dos franjas horizontales iguales blanca y verde (justo al contrario que la de Casares).



Será en 1918, en la Asamblea Andalucista de Ronda, presidida por Blas Infante, en los salones del Casino de Artistas, donde se determinará definitivamente la bandera de Andalucía, votándose que ésta se confeccionará en tres franjas iguales y horizontales, verde, blanca y verde, tal como en la actualidad se conoce, consagrándose como enseña en el Estatuto de Autonomía de 1981. Debemos advertir que los colores allí elegidos corresponden a los primitivos pendones del Califato cordobés y del Imperio Almohade; es decir, "verde botella", o más exactamente "verde omeya" y "blanco almohade","porque sus colores -dice Blas Infante- eran los más apropiados para representar la empresa de la restauración de un pueblo, nunca bélico y siempre creador de culturas originales, directoras de la humanidad, como lo fue Andalucía".


1932: La Comisión Organizadora de la Asamblea Regional de 1932 asume, por primera vez desde un organismo oficial, la bandera verde, blanca y verde como bandera de Andalucía, en principio sin escudo.


miércoles, 23 de mayo de 2012

Javier de Burgos



Francisco Javier de Burgos y del Olmo (Motril, Granada, 22 de octubre de 1778 – Madrid, 22 de enero de1848), político, periodista, dramaturgo y traductor español.

De familia noble aunque no acaudalada estaba destinado a servir a la Iglesia, pero abandonó pronto los estudios religiosos en Granada, trasladándose a Madrid para dedicarse a los estudios de jurisprudencia. Con la invasión napoleónica pasó a su servicio ocupando en Andalucía distintos cargos. Dada su condición de afrancesado, en 1812 se trasladó a París donde completó su formación mediante el estudio de las obras de los clásicos, Horacio principalmente, del que tradujo al castellano sus obras. Esta traducción de Horacio fue comentada a su vez por Andrés Bello en un celebrado artículo sobre la traducción. Bello califica a Javier de Burgos de «débil traductor y excelente comentarista de Horacio». Años más tarde, en 1844 publicó una revisión de esta obra que con sus imperfecciones sigue siendo un referente, entre otras cosas por la utilización de la estrofa sáfica en versos sueltos.

Regresó a Madrid en 1819 y en 1822 fue nombrado director de El Imparcial, periódico alrededor del cual se reunieron los afrancesados portadores de las nuevas ideas. Su labor como periodista se compaginaba con una prolija labor como escritor, destacando su Biografía universal antigua y moderna, una traducción del francés que publicó muy reformada y ampliada en varios tomos. De 1827 a 1833 desempeñó distintos cargos de importancia en la Administración. En 1833, al comienzo del reinado de Isabel II, bajo la regencia de María Cristina de Borbón, fue nombrado Secretario de Estado de Fomento bajo el ministerio de Cea Bermúdez y fue en ese cargo en el que estableció la división territorial por provincias, basándose en los planteamientos del Nuevo Régimen pero tomando como base la antigua división en reinos de España. El decreto fue aprobado el 30 de noviembre y el 22 de diciembre de ese mismo año fue nombrado Ministro de Hacienda. Fue senador y consejero real y en 1846 con el primer gobierno de Narváez ministro de la Gobernación, cargo que dejó en ese mismo año al ser nombrado Francisco Javier de Istúrizal frente del gobierno.

Durante sus últimos años volvió a cultivar la poesía y además de la revisión de la traducción de Horacio ya mencionada escribió poesía de circunstancias siendo de destacar una canción fúnebre a la muerte de la reina Isabel de Braganza, una oda al casamiento del rey Fernando VII con María Cristina de Borbón, aunque destacó entre todas ellas su Oda a la Razón y Al porvenir. También destacó tempranamente como comediógrafo y una pieza suya en el género, Los tres iguales, fue, por cierto, la causa del destierro del gran actor Isidoro Márquez. Al morir dejó inacabados unos Anales del reinado de Doña Isabel II, que concluyó su hijo Augusto.


Fuente: Wikipedia.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Andrés de Vandelvira

Monumento a Andrés de Vandelvira. Catedral de Jaén.

Andrés de Vandelvira (Alcaraz, Albacete, 1509 - Jaén, 1575) fue un célebre cantero y arquitecto renacentista español.

Fue hijo y discípulo del también arquitecto, Pedro de Vandelvira, y estaba casado con Luisa de Luna, de Villacarrillo, con la que tuvo siete hijos, uno de los cuales, Alonso de Vandelvira, escribió un libro "Libro de cortes de piedra", que ayudó a que fuera conocida la obra de su padre. Fundó una capellanía, en la Iglesia Parroquial de Villacarrillo, a favor de su hijo el presbítero y licenciado Pedro de Vandelvira. Siendo en este último lugar donde acopió la mayor parte de su patrimonio.

Con 21 años también aparece Vandelvira en unas ambiciosas obras del Convento de Uclés, obra iniciada por Francisco de Luna en 1529; su participación, "a la sombra de la escuela plateresca toledana", es uno de los ingredientes formativos de su personalidad.

Instruido por su padre, que había estudiado en Italia, fue un varón de gran cultura; conocía los tratados más famosos de la época, y los puso en práctica gracias a los mecenas que encontró, principalmente en la provincia de Jaén, como la misma iglesia, y los nobles relacionados con la familia Molina, como Francisco de los Cobos y Molina, protector de su padre. Fue el inventor de la bóveda vaída y de otras ingeniosas soluciones constructivas.

Entre sus obras más notables está la Sacra Capilla del Salvador, realizada en Úbeda sobre un proyecto inicial de Diego de Siloé, por encargo de Francisco de los Cobos. Tras esta obra, vienen muchas otras, como la capilla de los Benavides en el convento de San Francisco de Baeza, una obra maestra (por desgracia perdida en parte tras el terremoto de Lisboa de 1755); la intervención en la catedral de Baeza o en el Antiguo Convento de Santo Domingo de La Guardia en Jaén, el Hospital de Santiago de Úbeda o la mismísima Catedral de Jaén, obra también iniciada por su padre, Pedro de Vandelvira en 1540, donde ejecutó las obras que su padre había trazado especialmente la fachada de mediodía, la sala capitular, el panteón, la sacristía y las capillas del lado de la epístola.

También trazó y dirigió la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Villacarrillo, que es de tres naves divididas por cinco columnas corintias por banda y el retablo mayor y colaterales y fue una de sus primeras y grandes obras en la provincia de Jaén. También se le atribuye la traza de la nave central de la Iglesia de La Asunción en Jódar.

Se le atribuye la torre del Tardón en Alcaraz, que guarda muchas similitudes en su decoración con la Capilla del Salvador de Úbeda.

Una de sus últimas obras, en las que muestra una gran pureza de estilo es el Hospital de Santiago, en Úbeda. A su muerte, su cuerpo fue enterrado en la Basílica de San Ildefonso de Jaén.

Fuente: Wikipedia.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Niceto Alcalá-Zamora

Niceto Alcalá-Zamora y Torres (Priego de Córdoba, 6 de julio de 1877 – Buenos Aires, Argentina, 18 de febrero de 1949) fue un político español, primer presidente de la Segunda República Española.

Niceto Alcalá-Zamora y Torres fue un portento intelectual; a la temprana edad de 17 años era licenciado en Derecho y que a los 22 años, Letrado del Consejo de Estado.

Al cumplir los 40 años, el cordobés, que ya era conocido como un abogado de gran prestigio, se hizo cargo de la cartera de Fomento en el Gobierno de Manuel García Prieto, marqués de Alhucemas. Era el destino, casi lógico, de un político que durante toda su vida y desde muy joven había hecho gala de sus ideas liberales y monárquicas, lo que le llevó en su juventud a entrar en el Partido Liberal, liderado entonces por figuras tan ilustres como Sagasta y Moret. Sin embargo, era un encargo envenenado, teniendo en cuenta que en 1917, España encontraba dificultades en producir alimentos en cantidad suficiente y la Gran Guerra estaba poniendo en peligro los canales tradicionales de abastecimiento.

Aquel gobierno no sobrevivió ni siquiera un año, pero aún volvería a ser ministro, en este caso de la Guerra con García Prieto en el último Gobierno constitucional de la Monarquía de Alfonso XIII. El Gabinete, como la mayoría de los que se habían formado después de las muertes de Cánovas (1897) y de Sagasta (1903), era inoperante. Cuando se reunieron las Cortes Generales el 23 de mayo de 1923 el hemiciclo estaba formado por 22 agrupaciones distintas: demócratas, liberales, izquierdistas, liberales, liberales agrarios, reformistas, nicetistas, conservadores, ciervistas, mauristas, regionalistas, republicanos, socialistas, unionistas monárquicos, nacionalistas catalanes, nacionalistas vascos, integrantes de la Liga Monárquica Vizcaína, tradicionalistas, católicos, clases mercantiles, agrarios, integristas e independientes. En definitiva, era imposible gobernar.

Niceto Alcalá-Zamora había ocupado distinguidos cargos político-administrativos y se distinguió como orador en las Cortes, desde que fue elegido diputado por La Carolina en 1905. Fue director de Administración Local y subsecretario de Gobernación. También se mantuvo al tanto de la discusión de las mancomunidades, un programa presentado por Canalejas con el fin de solventar el problema de la configuración territorial española. Durante todo este tiempo estuvo al servicio del Partido Liberal del conde de Romanones, pero finalmente se adscribió al Partido Liberal Democrático de Manuel García Prieto y desde entonces, comenzó su carrera ministerial, tanto en Fomento como en Guerra.

Por todo ello, en cuanto el general Miguel Primo de Rivera dio su golpe de Estado e instauró su Dictadura, muchos españoles (incluyendo, al principio, al propio Alcalá-Zamora) acogieron con entusiasmo y cierto alivio el nuevo régimen, pero Alcalá-Zamora fue modificando su postura política hasta convertirse en uno de los más firmes opositores al régimen dictatorial del general Primo de Rivera y de la monarquía alfonsina, principal baluarte de la Dictadura.

Así, el 13 de abril de 1930, cuando el general Primo de Rivera ya había dimitido de su cargo y había sido sustituido por el general Dámaso Berenguer, que tenía el encargo de Alfonso XIII de volver al régimen constitucional de 1876, Alcalá-Zamora pronunció un famoso discurso en el teatro Apolo de Valencia en el que retiró su apoyo y confianza a la monarquía y propugnó una república conservadora y burguesa, apoyada en las clases medias y en los intelectuales.

Junto con Miguel Maura y su partido Derecha Liberal Republicana, representó al republicanismo conservador en el Pacto de San Sebastián el 17 de agosto de 1930, pacto destinado a impulsar un movimiento popular que derrocase a la monarquía e instaurara la República. De ese pacto surgió un comité ejecutivo encargado de dirigir la acción republicana en España y Alcalá-Zamora fue elegido su presidente. Era, de hecho, el antecedente del Gobierno Provisional. El día 12 de diciembre de 1930 tuvieron lugar los sucesos de Jaca, cuando los capitanes Galán y García Hernández proclamaron la República en la guarnición de Jaca e iniciaron una marcha hacia Huesca pero, vencidos por las fuerzas gubernamentales, fueron juzgados y ejecutados. También se sublevaron en el aeródromo de Cuatro Vientos el comandante Ramón Franco y el general Gonzalo Queipo de Llano. Estaba previsto el bombardeo del Palacio Real como señal para el pronunciamiento militar. Pero, al parecer, Ramón Franco vio unos niños jugando en los jardines de Sabatini, y no se atrevió a soltar las bombas para no hacerles daño. Así el resto de unidades no llegaron a sumarse al levantamiento, dando lugar a que el aeródromo fuese cercado por tropas de las proximidades, por lo que tuvieron que huir a Portugal en avión. Los líderes de las fuerzas antimonárquicas, parte del comité, y entre ellos Alcalá-Zamora, fueron detenidos por el Gobierno. El juicio público, celebrado en marzo de 1931, les condenó a seis meses y un día, que fueron sustituidos por libertad condicional.

Ante el difícil caríz que tomabá la situación, y tras la dimisión de Berenguer en febrero de 1931, el rey encargó al almirante Aznar la formación del nuevo gobierno. El día 18 se presentó el nuevo gabinete constituido por ministros de todas las tendencias monárquicas, pero ese mismo gobierno reflejaba la incapacidad del monarca para encontrar un gobierno capaz de estabilizar la institución monárquica en España. Así, el día 12 de abril se celebraron elecciones municipales. Los primeros recuentos eran de 22.150 concejales monárquicos contra 5.775 republicanos, aunque estudios posteriores arrojan 19.035 concejales proclives a Alfonso XIII, 39.568 republicanos y 15.198 tradicionalistas, integristas, nacionalistas vascos, independientes, etc., que no podían encuadrarse exactamente entre los dos bandos directamente enfrentados. En 41 de las 50 capitales de provincia ganaron los republicanos. En Barcelona los republicanos cuadruplicaron los votos monárquicos, y en Madrid los triplicaron. Alfonso XIII, partidario frente a alguno de sus ministros de que no hubiese derramamiento de sangre, se exilió ante el ultimátum del Comité Revolucionario presidido por Niceto Alcalá-Zamora. Éste, que contó desde el primer momento con el apoyo popular y con el de la Guardia Civil, mandada en aquellos momentos por el general Sanjurjo, se convirtió en el gobierno provisional. Alcalá-Zamora y Maura garantizaban la presencia de la vivaz burguesía conservadora en el gobierno y la continuidad política dentro de un régimen distinto. Este gobierno proclamó la Segunda República el 14 de abril de 1931; mientras el rey embarcaba en Cartagena y su familia tomaba un tren que les llevaría hacía Francia.

El 15 de abril el gobierno hizo público un programa de actuación basado en los acuerdos del Pacto de San Sebastián. Fue anunciada una reforma agraria, libertad de cultos y creencias, respeto a la propiedad privada, responsabilidades a los colaboradores de la dictadura, aumento gradual de las libertades individuales y sindicales, etc.

Apenas accedió al poder, el gobierno tuvo que enfrentarse a la proclamación de la república catalana y a los sucesos anticlericales del mes de mayo. También hubo muchas dificultades con las organizaciones anarquistas que negaron su colaboración con la nueva república.

El gobierno se fue inclinando hacia un republicanismo más de izquierdas representado en la figura de Manuel Azaña, postura que claramente se reflejó en la redacción de la Constitución. La cuestión clerical enfrentó de nuevo a republicanos conservadores e izquierdistas, socialistas y radicales, y finalmente Alcalá-Zamora y Maura abandonaron el gobierno el 14 de octubre de 1931.

Temiendo que Alcalá-Zamora emprendiera una campaña revisionista y de desprestigio contra la República, los socialistas y los azañistas convinieron en ofrecerle la presidencia de la República, cargo para el cual fue elegido candidato único el 2 de diciembre. Juró el cargo el 11 de diciembre de 1931.

Hombre autoritario y convencido de su misión, desde el primer momento trató de intervenir en los asuntos del gobierno. Por esta razón, quedó apartado del papel que le correspondía, es decir, compensar el jacobinismo de su Primer Ministro, Manuel Azaña.

La idea del Presidente era incorporar a la dirección de España las nuevas fuerzas surgidas después de la Restauración y contenidas por los últimos Borbones. Esta apertura debía hacerse desde arriba, suprimiendo todo lo que impidiera este paso y estableciendo las premisas esenciales de un nuevo orden por la vía pacífica y parlamentaria. El 14 de abril de 1931 pareció darle la razón, pero a partir de mayo los distintos sucesos indicaron que la realidad no correspondía a sus sueños.

Las relaciones con el Gobierno eran oscilantes. Cuando Azaña le presentó para su ratificación la ley de Congregaciones —ley de secularización de la enseñanza— y la ley del Tribunal de Garantías Constitucionales, que completaban la Constitución de 1931, Alcalá-Zamora se resistió al máximo a firmar ambas leyes, pero no se atrevió a vetarlas. La oposición acusó al Presidente de morosidad.

Más tarde, con ocasión de un reajuste de gobierno, las diferencias volvieron a surgir y Azaña dimitió con su gabinete. Tras varias consultas fallidas. Alcalá-Zamora volvió a nombrar como Presidente del Consejo de Ministros a Azaña (12 de junio), hecho que decepcionó a los conservadores.

Meses más tarde, en septiembre, Azaña dimitió. Alcalá-Zamora disolvió las Cortes Constituyentes y, después de un fugaz mandato del radical Alejandro Lerroux, le encargó al radical Diego Martínez Barrio la celebración de nuevas elecciones (8 de octubre de 1933).

Las derechas ganaron ampliamente las elecciones del 29 de noviembre de 1933, las primeras de la Historia de España en que pudieron votar las mujeres. El radical Alejandro Lerroux formó gobierno por encargo del presidente y con la anuencia de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), dirigida por José María Gil-Robles. Alcalá-Zamora se llevó mal con los radicales y sobre todo con la CEDA, ya que desconfiaba del espíritu democrático del partido de Gil-Robles, que, si bien se declaraba respetuoso con el orden establecido, no había jurado lealtad a la República. Por esta razón buscó siempre soluciones de compromiso, como el confuso gobierno del radical Ricardo Samper, que no gustaron a nadie.

En octubre tuvo que volver a recurrir a Lerroux que formó gobierno con tres ministros de la CEDA, pero el 6 de octubre de 1934 en Barcelona, la revolución de Asturias, su indecisión y el escándalo del «estraperlo» impidieron una acción de gobierno coherente.

Por otra parte, Alcalá-Zamora utilizó todos sus recursos para apartar a la CEDA del poder hasta que la crisis de gobierno de 9 de noviembre de 1935 le ofreció esta oportunidad. Nombró primer ministro a su amigo Manuel Portela Valladares, que presidió un interregno entre noviembre de 1935 y febrero de 1936. Su intención era crear una fuerza de centro entre la derecha radical-cedista y la izquierda social azañista.

El Frente Popular ganó las elecciones de febrero de 1936. Si esto era una derrota para la derecha, también lo era para Alcalá-Zamora y sus aspiraciones. Azaña fue encargado de formar gobierno.

Los republicanos de izquierdas no habían olvidado la actitud de Alcalá Zamora desde junio de 1933. Se abrió un debate en las Cortes sobre la inconstitucionalidad de la última disolución de las mismas, ya que según la Constitución de 1931, el Presidente estaba facultado para disolver las Cortes dos veces, pero la segunda disolución podía ser sometida al enjuiciamiento de la Cámara, y si una mayoría consideraba que se había cometido alguna irregularidad, el Presidente podría ser destituido.

La controversia se produce cuando la nueva mayoría de las Cortes, considerando que ésta era la segunda disolución, enjuician la actuación del Presidente y dictaminan que la disolución se había producido con mucho retraso, por lo que el Presidente debía ser destituido. Sin embargo, había quien opinaba que ésta era la primera disolución, ya que la anterior (la de 1933) no debía contarse al tratarse de las Cortes Constituyentes, las que elaboraron la Constitución y por tanto eran anteriores a ella. Finalmente, el 7 de abril de 1936, 238 diputados votaron a favor de la destitución por sólo 5 en contra. 174 diputados abandonaron la cámara o se encontraban ausentes, por lo que el Presidente fue destituido (se requería mayoría absoluta de los 417 diputados en ejercicio, es decir, 209). Éste en principio se resistió, pero abandonado por todos tuvo que admitir el cese.

Después de unas semanas en las que se hizo cargo de la Jefatura del Estado de forma interina Diego Martínez Barrio, en su calidad de Presidente de las Cortes, fue sustituido por Manuel Azaña el 11 de mayo de 1936.

El inicio de la Guerra Civil le sorprendió en un viaje por las costas noruegas. Decidió no regresar a España cuando se enteró, según cuenta en sus memorias, reescritas durante el exilio, de que milicianos del Frente Popular habían entrado ilegalmente en su domicilio, robándole sus pertenencias, y saqueado asimismo su caja de seguridad (y al menos, otra propiedad de una de sus hijas) en el banco Crédit Lyonnais en Madrid, llevándose el manuscrito de sus memorias, parte del cual fue publicado (con cortes de la censura) en la prensa republicana durante la guerra y amplia y comentado por Manuel Azaña en sus Memorias. Fijó su residencia en Francia, donde le sorprendió la Segunda Guerra Mundial.

Después de múltiples penalidades, debido a la ocupación alemana y a la actitud colaboracionista del gobierno de Vichy, salió de Francia y tras un penoso viaje de 441 días en barco llegó a Argentina en enero de 1942, donde vivió de sus libros, artículos y conferencias.

No quiso volver a España durante la dictadura franquista, aunque, al parecer, se le hizo algún ofrecimiento, ya que un hijo suyo estaba casado con una hija del general Queipo de Llano, uno de los protagonistas de la sublevación y a que Niceto Alcalá-Zamora era un republicano católico reconocido. Su cadáver fue repatriado a España en 1979 y enterrado en el cementerio de la Almudena de Madrid.

Fuente: Wikipedia.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Francisco Giner de los Ríos

Francisco Giner de los Ríos (*Ronda, Málaga; 10 de octubre de 1839 – Madrid; 17 de febrero de 1915), filósofo, pedagogo y ensayista español. Discípulo de Julián Sanz del Río y fundador y director de la Institución Libre de Enseñanza.Nace en la ciudad de Ronda en el seno de una familia acomodada, lo cual le permite tener formación universitaria. Estudió Filosofía en Barcelona y Granada, trasladándose a Madrid en 1863, donde entraría en contacto y recibiría la influencia del profesor Julián Sanz del Río, como se sabe introductor en España del ideario krausista (de Karl Christian Friedrich Krause, 1781–1832); las ideas e influencia del Krausismo marcarán para siempre tanto el pensamiento como la obra de Giner de los Ríos. Obtiene la cátedra de Filosofía del Derecho y de Derecho Internacional de la Universidad de Madrid. Su carácter profundamente crítico, sus modos de enseñar y su ilimitada ilusión docente convertirán a Giner en una de las figuras obligadas del Madrid universitario. No dudará en enfrentarse abiertamente a ciertas ordenanzas atentatorias a la libertad de cátedra que habían sido adoptadas por el Ministro de Fomento, Marqués de Orovio, en 1875.

Como consecuencia de sus opiniones contrarias a las disposiciones del gobierno es expulsado de su cátedra, junto con amigos y discípulos, buena parte de los cuales compartirán desde ese instante los sueños transformadores de Giner de los Ríos. A raíz de los acontecimientos anteriores, pone en marcha una de las iniciativas que más han influido en la educación española.

Destacó como jurisconsulto y como pensador, pero será con la fundación de la Institución Libre de Enseñanza cuando salga a relucir el genial pedagogo que Giner llevaba dentro. Desde ese instante y hasta el final de sus días, don Francisco Giner de los Ríos se dedicará en cuerpo y alma a poner en práctica las líneas pedagógicas que definen la Institución: formación de hombres útiles a la sociedad, pero sobre todo hombres capaces de concebir un ideal; coeducación y reconocimiento explícito de la mujer en pie de igualdad con el hombre; racionalismo, libertad de cátedra y de investigación, libertad de textos y supresión de los exámenes memorísticos. En una palabra, una Escuela activa, neutra y no dogmática, basada en el método científico, que abarca toda la vida del hombre y que pretende la formación de hombres completos, abiertos a todos los ámbitos del saber humano. Giner opuso la libertad a la autoridad.

En 1881 es restituido en su cátedra. La Institución Libre de Enseñanza, bajo la dirección de Giner, continuará su andadura como modelo de calidad de enseñanza, no tardando en adquirir renombre nacional e internacional. Fundaciones de la ILE serán el Museo Pedagógico Nacional, las Colonias Escolares, la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, futuro germen del CSIC, la Residencia de Estudiantes, la Dirección General de Primera Enseñanza, las Misiones Pedagógicas, etc.

Esos eran los sueños de Giner y su contribución a la consecución de un país de personas libres dirigidas por personas libres y con preparación adecuada. Aunque la nómina de personalidades, alumnos y profesores en algún momento relacionados con la ILE o formados directamente en ella sería interminable, basten los nombres de Manuel Azaña, Julián Besteiro, José Ortega y Gasset, Federico García Lorca, Salvador Dalí, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Luis Buñuel, Miguel de Unamuno, Fernando de los Ríos o Bosch Gimpera, para comprender la trascendencia que la iniciativa de este rondeño ha tenido en la historia reciente de España. Es un personaje clave por su influencia sobre los ideales ilustrados liberales, en el sentido francés (radical-laico), que sirvieron a la minoría intelectual republicana y, más tarde, a la izquierda revisionista.

Fue el continuador del Krausismo en el último tercio del siglo XIX y los primeros años del XX. Ejerció un influjo enorme sobre sus discípulos y renovó la vida intelectual española, la educación y aun la misma sensibilidad del país. También es visto como un precursor de la sociología jurídica.

En 1887 crea la Fundación Sierra-Pambley en Villablino.

Obras:

Según el orden en el compendio de las obras de Giner de los Ríos, se establecen los siguientes tomos:

  1. Principios de Derecho natural (1875).
  2. La Universidad española.
  3. Estudios de Literatura y Arte (1876).
  4. Lecciones sumarias de Psicología (1874).
  5. Estudios jurídicos y políticos (1875).
  6. Estudios filosóficos y religiosos (1876).
  7. Estudios sobre educación (1886).
  8. La persona social. Estudios y fragmentos I (1899).
  9. La persona social. Estudios y fragmentos II (1899).
  10. Pedagogía universitaria (1905).
  11. Filosofía y Sociología: Estudios de exposición y de crítica (1904).
  12. Educación y enseñanza (1889).
  13. Resumen de Filosofía del Derecho I (1898).
  14. Resumen de Filosofía del Derecho II (1898).
  15. Estudios sobre Artes industriales y cartas literarias.
  16. Ensayos menores sobre educación y enseñanza I.
  17. Ensayos menores sobre educación y enseñanza II.
  18. Ensayos menores sobre educación y enseñanza III.
  19. Informes del Comisario de Educación de los Estados Unidos.
  20. Arqueología artística de la Península.
  21. Notas a la Enciclopedia jurídica de Ahrens, de Gumersindo de Azcárate y Francisco Giner.
Fuente: Wikipedia.

miércoles, 13 de mayo de 2009

José Luis Gallegos

José Luis Gallegos Arnosa nació en Jerez de la Frontera. Fundador del primer equipo de fútbol oficial en la ciudad de Sevilla y primer Presidente del mismo, el Sevilla Fútbol Club.

"Todos los hombres de cualquier nivel social, ideas religiosas o políticas tendrán aquí cabida"

José Luis Gallegos Arnosa, Discurso tras la fundación del club, 15 octubre 1905.

Su vida en Sevilla:


Tras estudiar en Inglaterra, donde tomó contacto con el fútbol, regresa a Sevilla alrededor del año 1903 y se establece como consignatario de buques y agente de aduanas. En el Puerto de Sevilla hace amistad con un inglés, Adam Wood, capitán del Vapor Cordova, un barco que hacía el trayecto Sevilla - Londres transportando naranjas amargas para la elaboración de mermelada.

Adam Wood era también aficionado al fútbol y practicaba este deporte en un campo situado detrás de la fábrica de vidrios de la Trinidad (Sevilla), junto a los hermanos Welton, Isaías White, Mackenzie, y Charles Langdon (hijo de John Sidney Langdon, linier en aquellos primeros partidos entre el Huelva Recreation Club y el Sevilla Football Club en 1890).

De esta manera José Luis Gallegos tomó contacto con los pioneros que jugaron a este deporte en la última década del XIX en Sevilla. Pronto otros jóvenes; como Merry (jerezano al igual que José Luis Gallegos), los hermanos Zapata, Ángel Leániz o Manuel Jiménez León; se unieron a estos entrenamientos.

Fundación del Sevilla Football Club:

El 14 de octubre de 1905 se fundó el Sevilla Football Club (actual Sevilla Fútbol Club S. A. D.), tras la aprobación de los estatutos por parte del gobernador civil José Contreras Carmona. En dichos estatutos consta como presidente José Luis Gallegos Arnosa; como secretario y tesorero Manuel Jiménez de León; y como vocales Juan Mejías, Samuel Harmech, Manuel Zapata Castañeda y Charles Landong.

El 15 de octubre de 1905 se festejó el nacimiento del Sevilla Football Club en el pasaje de Oriente. Luis de Ybarra dejó constancia de este acto en una entrevista en 1955 con motivo del 50º aniversario de la fundación del Sevilla Football Club.

En dicha entrevista podemos leer: "...los abajo firmantes, para festejar los éxitos obtenidos con el juego de pelota con los pies en esta ciudad...".

Presidente del Sevilla Football Club:

Le acompañaron en su gestión inicial Manuel Jiménez de León, Juan Mejías, Samuel Harmet, Manuel Zapata Castañeda y Charles Langdon. La secretaría se encontraba en la calle Teodosio, nº 14.

En 1907 se produjeron algunos cambios en los directivos permaneciendo únicamente Manuel Zapata y sumándose los nuevos Tiburcio Alba (padre de Francisco Javier Alba y Alarcón), Adolfo Bernal, Carlos García Martínez, Manuel Valdés y Enrique Lacave.

En 1909 la secretaría es trasladada a la calle Alhóndiga, nº 67 y entra también como nuevo directivo José María Miró Trepat.

José Luis Gallegos tuvo un segundo mandato en el Sevilla Football Club, desde del 11 de octubre de 1913 a enero de 1914.

Fuente: Wikipedia.

martes, 10 de febrero de 2009

Cristóbal de Morales

Cristóbal Morales, grabado de James Caldwall, c. 1770

Cristóbal de Morales
(Sevilla, 1500 - Málaga o, según otros, Marchena, 1553) es el principal representante de la escuela polifonista andaluza y uno de los tres grandes, junto a Tomás Luis de Victoria y Francisco Guerrero, de la composición polifónica española del Renacimiento. Su música es vocal y sacra, con sólo un par de excepciones. Es, sin duda, el mejor compositor español de toda la primera mitad del siglo XVI y su fama, que se extendió inmediatamente por Europa, pervivió durante los siglos siguientes. 

La vida de Cristóbal de Morales se conoce sólo de manera fragmentaria. Morales se formó en Sevilla como niño cantor del coro de la Catedral, junto al poeta y maestro de capilla Pedro Fernández de Castilleja y al insigne Francisco de Peñalosa, importador de la técnica flamenca. Su primer puesto profesional, en 1526, fue el de maestro de capilla de la catedral de Ávila. En 1529 pasó a la de Plasencia, donde desempeñó el cargo hasta 1531, mereciendo el reconocimiento del Cabildo por el esfuerzo dedicado a las tareas de enseñanza. No hay duda de que Morales era un cantante notable y cuando en 1535 viajó a Roma, el propio Paulo III se ocupó de hacerlo entrar en el coro papal, en el que permaneció hasta 1545; ésta es al menos su propia versión. En la capilla papal Morales disfrutó del contacto con algunos de los más notables compositores del momento, miembros también del coro, como Costanzo Festa, Jacques Arcadelt o Nicolas Gambert junto al cual publicó muchas de sus obras en ediciones conjuntas.
En 1545, después de intentar sin éxito conseguir otro puesto en Italia, volvió a España, al quedar vacante el de maestro del coro de la catedral de Toledo. Allí sustituyó al dimisionario Andrés de Torrentes, un compositor extraordinario aunque escasamente conocido. La vida profesional de Morales en España se volvió difícil, a pesar del universal reconocimiento que ya entonces merecía su obra. Hallazgos recientes han confirmado que en los dos años que permaneció en Toledo, Morales continuó componiendo obras magníficas, aunque olvidadas, a la vez que se convertía en maestro de otro de los grandes de la época, Francisco Guerrero, entonces aún adolescente. Los últimos años los pasó Morales primero en Marchena, al servicio del Duque de Arcos, y finalmente en Málaga, donde protagonizó una relación conflictiva con el cabildo de la catedral, de la que era maestro de capilla.

Obra:



La obra de Morales ha sido el objeto secular de una polémica estéril, que se prolonga hasta nuestros días, sobre su carácter español o foráneo. En 1549 Juan Bermudo caracterizó su música como extranjera, y desde entonces nunca ha faltado quien resaltara la influencia de músicos como Josquin Des Prés y Johannes Ockeghem, introducida en España por Francisco de Peñalosa, maestro de Capilla de Fernando el Católico. Felipe Pedrell y su amigo Francisco Asenjo Barbieri resucitaron a fines del siglo XIX, época de nacionalismo musical, la cruzada para rescatar la imagen “española” del maestro. Ciertamente no faltan pruebas de continuidad con la tradición y el espíritu de la música ibérica, como el que algunas de sus misas se basaran en melodías tradicionales españolas o su utilización de la armonía. Otros han usado argumentos menos tangibles, como un supuesto misticismo típicamente hispano, paralelo al de una Santa Teresa, que caracterizaría una obra cargada de “espiritualidad”. Lo cierto es que Morales se consagró como sacerdote en sus años de Toledo, y que toda su obra es de tema sacro.
Desde luego Morales no es sólo el heredero de una tradición o el precursor de otros, sino un músico genial dotado de un estilo propio con rasgos bien definidos, por ejemplo, su inventiva en materia de ritmo.

Cristóbal de Morales se ocupó antes que nadie, desde sus años en Roma, de la publicación de su obra, que alcanzó enorme difusión y popularidad. Sus partituras se convirtieron en la base para innumerables adaptaciones instrumentales, sobre todo para vihuela, teclado o arpa, que estuvieron entre las más populares para amenizar reuniones privadas. Algunas aparecen en repertorios como el de 1547 de Enríquez de Valderrábano, o el de 1557 de Luis Venegas de Herestrosa.

No se discute la influencia de Morales sobre la obra polifónica de los compositores cronológicamente siguientes. Se ha destacado la que tuvo sobre Palestrina, que actúa de puente con el muy posterior Tomás Luis de Victoria. Palestrina, por ejemplo, basó una de sus misas en el motete O sacrum convivium. El propio Guerrero resaltó con orgullo su deuda hacia Morales, del que declara que había aprendido lo suficiente como “... para poder emprender cualquier magisterio”.

La obra musical reconocida y publicada de Morales, a falta aún de mucho esfuerzo de recopilación, se clasifica en:
  • 22 misas a 4, 5 y 6 voces.
  • 81 motetes.
  • 18 magníficats.
  • 11 himnos.
  • Cinco juegos de «lamentaciones».
  • Algunas canciones y otras piezas profanas.
Curiosidades:


Fuente: Wikipedia.

martes, 13 de mayo de 2008

Góngora

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561 - ibíd. 23 de mayo de 1627). Sacerdote, poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida como culteranismo o gongorismo, que más tarde imitarían otros artistas. Sus obras fueron objeto de exégesis ya en su misma época.

Era hijo del juez de bienes confiscados por el Santo Oficio de Córdoba don Francisco de Argote y de la noble dama Leonor de Góngora. Estudió en Salamanca, tomó órdenes menores en 1585 y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa, donde fue amonestado ante el obispo Pacheco por acudir pocas veces al coro y por charlar en él, así como por acudir a diversiones profanas y componer versos satíricos. Desde 1589 viajó en diversas comisiones de su cabildo por Navarra, y por Andalucía y ambas Castillas (Madrid, Salamanca, Granada, Jaén, Cuenca, Toledo). Compone entonces numerosos sonetos, romances y letrillas satíricas y líricas, y músicos como Diego Gómez, Gabriel Díaz, Claudio de la Sablonara o Capitán le buscan para musicar estos poemas. En 1609 regresa a Córdoba y empieza a intensificar la tensión estética y el barroquismo de sus versos. Entre 1610 y 1611 escribe la Oda a la toma de Larache y en 1613 el Polifemo, un poema en octavas que parafrasea un pasaje mitológico en su Fábula de Atis y Galatea; el mismo año divulga en la Corte su más ambicioso poema, las incompletas Soledades. Este poema desata una gran polémica a causa de su oscuridad y afectación y le crea una gran legión de seguidores, los llamados poetas culteranos (Salvador Jacinto Polo de Medina, fray Hortensio Félix Paravicino, Francisco de Trillo y Figueroa, Gabriel Bocángel, el Conde de Villamediana, sor Juana Inés de la Cruz, Pedro Soto de Rojas, Miguel Colodrero de Villalobos), así como enemigos entre conceptistas como Francisco de Quevedo o casticistas como Lope de Vega o Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola. Algunos de estos, sin embargo, llegaron con el tiempo a militar entre sus defensores, como Juan de Jáuregui. El caso es que su figura se revistió de aun mayor prestigio, hasta el punto de que Felipe III le nombró capellán real en 1617; para desempeñar tal cargo, vivió en la Corte hasta 1626, arruinándose para conseguir cargos y prebendas a casi todos sus familiares; al año siguiente, 1627, perdida la memoria, marchó a Córdoba, donde murió de una apoplejía en medio de una extrema pobreza. Velázquez lo retrató con frente amplia y despejada, y por los pleitos, los documentos y las sátiras de su gran enemigo, Francisco de Quevedo, sabemos que era jovial, sociable, hablador y amante del lujo y de entretenimientos como los naipes y los toros, hasta el punto de que se le llegó a reprochar frecuentemente lo poco que dignificaba los hábitos eclesiásticos. En la época fue tenido por maestro de la sátira, aunque no llegó a los extremos expresionistas de Quevedo ni a las negrísimas tintas de Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana, que fue amigo suyo y uno de sus mejores discípulos poéticos.

En sus poesías se solían distinguir dos períodos: el tradicional, en que hace uso de los metros cortos y temas ligeros. Para ello la segunda es solamente una intensificación de estos recursos realizada por motivos estéticos.

Obra:

Aunque Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó), éstas pasaron de mano en mano en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías publicados con su permiso o sin él. Durante un tiempo se creyó que el manuscrito más autorizado era el llamado ''Manuscrito Chacón'' (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el Conde-Duque de Olivares), ya que contiene aclaraciones del propio Góngora y la cronología de cada poema; pero este manuscrito, habida cuenta del alto personaje al que va destinado, prescinde de las obras satíricas y vulgares. El mismo año de su muerte, sin embargo, Juan López Vicuña publicó ya unas "Obras en verso del Homero español" que se considera también muy fiable e importante en la fijación del "corpus" gongorino; sus atribuciones suelen ser certeras; aún así, fue recogida por la Inquisición y después superada por la de Gonzalo de Hoces en 1633. Por otra parte, las obras de Góngora, como anteriormente las de Juan de Mena y Garcilaso de la Vega, gozaron el honor de ser ampliamente glosadas y comentadas por personajes de la talla de Díaz de Rivas, Pellicer, Salcedo Coronel, Salazar Mardones, Pedro de Valencia y otros. Aunque en sus obras iniciales ya encontramos el típico conceptismo del barroco, Góngora, cuyo talante era el de un esteta descontentadizo («el mayor fiscal de mis obras soy yo», solía decir), quedó inconforme y decidió intentar según sus propias palabras «hacer algo no para muchos» e intensificar aún más la retórica y la imitación de la poesía latina clásica introduciendo numerosos cultismos y una sintaxis basada en el hipérbaton y en la simetría; igualmente estuvo muy atento a la sonoridad del verso, que cuidaba como un auténtico músico de la palabra; era un gran pintor de los oídos y llenaba epicúreamente sus versos de matices sensoriales de color, sonido y tacto. Es más, mediante lo que Dámaso Alonso, uno de sus principales estudiosos, llamó elusiones y alusiones, convirtió cada uno de sus poemas últimos menores y mayores en un oscuro ejercicio para mentes despiertas y eruditas, como una especie de adivinanza o emblema intelectual que causa placer en su desciframiento. Es la estética barroca que se llamó en su honor gongorismo o, con palabra que ha hecho mejor fortuna y que tuvo en su origen un valor despectivo por su analogía con el vocablo luteranismo, Culteranismo, ya que sus adversarios consideraban a los poetas culteranos unos auténticos herejes de la poesía.

La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica, y el «Príncipe de las Tinieblas», en que a partir de 1610, en que compone la oda A la toma de Larache se vuelve autor de poemas oscuros e ininteligibles. Hasta época romántica esta parte de su obra fue duramente criticada e incluso censurada por el mismo neoclásico Ignacio de Luzán. Esta teoría fue rebatida por Dámaso Alonso, quien demostró que la complicación y la oscuridad ya están presentes en su primera época y que como fruto de una natural evolución llegó a los osados extremos que tanto se le han reprochado. En romances como la Fábula de Píramo y Tisbe y en algunas letrillas aparecen juegos de palabras, alusiones, conceptos y una sintaxis latinizante, si bien estas dificultades aparecen enmascaradas por la brevedad de sus versos, su musicalidad y ritmo y por el uso de formas y temas tradicionales.

Poemas:

Se suele agrupar su poesía en dos bloques, poemas menores y mayores, correspondientes más o menos a dos etapas poéticas sucesivas. En su juventud, Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema piratesco o de tono más personal y lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en los que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas y satíricas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618), complejísimo poema que fue el que costó más trabajo a su autor y tenía en más estima, y donde se intenta elevar la parodia, procedimiento típicamente barroco, a categoría tan artística como las demás. La mayor parte de las letrillas están dirigidas, como en Quevedo, a escarnecer a las damas pedigüeñas y a atacar el deseo de riquezas. Merecen también su lugar las sátiras contra distintos escritores, especialmente Quevedo o Lope de Vega.

Junto a estos poemas, a lo largo de su vida no dejó Góngora de escribir perfectos sonetos sobre todo tipo de temas (amorosos, satíricos, morales, filosóficos, religiosos, de circunstancias, polémicos, laudatorios, funerarios), auténticos objetos verbales autónomos por su intrínseca calidad estética y donde el poeta cordobés explora distintas posibilidades expresivas del estilo que está forjando o llega a presagiar obras venideras, como el famoso «Descaminado, enfermo, pereque anuncia las Soledades. Entre los tópicos usuales (carpe diem, etc.) destacan, sin embargo, como de más trágica grandeza los consagrados a revelar los estragos de la vejez, la pobreza y el paso del tiempo por el poeta, que son los últimos.

Los poemas mayores fueron, sin embargo, los que ocasionaron la revolución culterana y el tremendo escándalo subsiguiente, ocasionado por la gran oscuridad de los versos de esta estética. Son la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) y las incompletas e incomprendidas Soledades (la primera compuesta antes de mayo de 1613). El primero narra mediante la estrofa octava real un episodio mitológico de las Metamorfosis de Ovidio, el de los amores del cíclope Polifemo por la ninfa Galatea, que le rechaza. Al final, Acis, el enamorado de Galatea, queda convertido en río. Se ensaya ahí ya el complejo y difícil estilo culterano, lleno de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, anezca a medida que va siendo descifrado.

Soledades:

Las Soledades iba a ser un poema en silvas, dividido en cuatro partes, correspondientes cada una alegóricamente a una edad de la vida humana y a una estación del año, y serían llamadas Soledad de los campos, Soledad de las riberas, Soledad de las selvas y Soledad del yermo. Pero Góngora sólo compuso la dedicatoria al Duque de Béjar y las dos primeras, y dejó inconclusa la segunda, de la cual los últimos 43 versos fueron añadidos bastante tiempo después. La estrofa no era nueva, pero sí era la primera vez que se aplicaba a un poema tan extenso. Su forma, de carácter aestrófico, era la que daba más libertad al poeta, que de esa manera se acercaba cada vez más al verso libre y hacía progresar la lengua poética hasta extremos que sólo alcanzarían los poetas del Parnasianismo y el Simbolismo francés en el siglo XIX.

Góngora ofrece una naturaleza arcádica, donde todo es maravilloso y donde el hombre puede ser feliz, depurando estéticamente su visión, que sin embargo es rigurosamente materialista y epicúrea (intenta impresionar los sentidos del cuerpo, no sólo el espíritu), para hacer desaparecer todo lo feo y desagradable.

Las Soledades causaron un gran escándalo por su atrevimiento estético y su oscuridad hiperculta; las atacaron Francisco de Quevedo, Lope de Vega, el Conde de Salinas y Juan de Jáuregui (quien compuso un ponderado Antídoto contra las Soledades y un Ejemplar poético contra ellas, pero sin embargo acabó profesando la misma o muy semejante doctrina), entre otros muchos ingenios, pero también contó con grandes defensores y seguidores, como Francisco Fernández de Córdoba (Abad de Rute), el Conde de Villamediana, Gabriel Bocángel, Miguel Colodrero de Villalobos y, más allá del Atlántico, Juan de Espinosa Medrano y Sor Juana Inés de la Cruz. Con las Soledades, la lírica castellana se enriqueció con nuevos vocablos y nuevos y poderosos instrumentos expresivos, dejando la sintaxis más suelta y libre que hasta entonces. Los poemas de Góngora merecieron los honores de ser comentados poco después de su muerte como clásicos contemporáneos, como lo habían sido tiempo atrás los de Juan de Mena y Garcilaso de la Vega en el siglo XVI. Los comentaristas más importantes fueron José García de Salcedo Coronel, autor de una edición comentada en tres volúmenes (1629-1648), José Pellicer de Ossau, quien compuso unas Lecciones solemnes a las obras de don Luis de Gongora y Argote (1630) o Cristóbal de Salazar Mardones, autor de una Ilustración y defensa de la fábula de Piramo y Tisbe (Madrid, 1636). En el siglo XVIII y XIX, sin embargo, se reaccionó contra este barroquismo extremo, en un primer momento utilizando el estilo para temas bajos y burlescos, como hizo Agustín de Salazar, y poco después, en el siglo XVIII, relegando la segunda fase de la lírica gongorina y sus poemas mayores al olvido. Sin embargo, por obra de la Generación del 27 y en especial por su estudioso Dámaso Alonso, el poeta cordobés pasó a constituirse en un modelo admirado también por sus complejos poemas mayores. A tal extremo llegó la admiración que incluso se intentó la continuación del poema, con fortuna en el caso de Alberti (Soledad tercera).

Fuente: Wikipedia.

domingo, 23 de marzo de 2008

Abel Moreno


Abel Moreno Gómez nace en Encinasola, provincia de Huelva, en 1944. Inició sus estudios musicales por la influencia de su padre, el cuál era director de la banda de música de su pueblo. Con 16 años ingresó como trompeta en la Banda de música de la Academia de Infantería de Toledo. Cursó los estudios superiores de música en el Conservatorio de Zaragoza, perteneciendo al Cuerpo de Directores del Ejército desde 1975, ha estado al mando de las bandas de música del Gobierno Militar de Zaragoza, Gobierno Militar de Algeciras, División de Montaña de Pamplona, la División Guzmán el Bueno (Soria 9) y actualmente, como Teniente Coronel, al mando del Inmemorial del Rey Nº 1 en Madrid.

Desde que en 1984 Abel Moreno llegara a Sevilla la música procesional se vio incrementada con muchas composiciones realmente preciosas y algunas ya clásicas como “La Madrugá”. Es en este año cuando se incorpora como director de la Banda de Música de la División Mecanizada Guzmán el Bueno nº 2, conocida como Soria 9.

Cuando llega a Sevilla decide dedicarse a componer música procesional, obteniendo un grandísimo éxito que le propició ser requerido en distintos puntos de la geografía andaluza y española. Tras la Semana Santa de 1996, Abel Moreno asciende a Teniente Coronel, rango que le obligaba a abandonar Soria 9 para pasara a dirigir desde entonces la Banda de Música del Regimiento Inmemorial del Rey nº1, en Madrid, cargo que sigue ocupando en la actualidad.

Está en posesión de la Cruz de San Hermenegildo, dos cruces al Mérito Militar y la medalla de Plata de la Cruz Roja. Aparte de la multitud de marchas procesionales que tiene en su haber, es compositor a su vez de pasodobles, marchas militares y música sinfónica. Durante su extensa y reconocida trayectoria ha recibido numerosos homenajes y galardones como son el caso del premio “Ciudad de Sevilla” y el “Demófilo” de la Fundación Machado.

Fuente: Wikipedia.

jueves, 21 de febrero de 2008

María Zambrano


María Zambrano Alarcón (Vélez-Málaga, España, 22 de abril de 1904 - Madrid, 6 de febrero de 1991), fue una filósofa y ensayista española.

María nace en Vélez Málaga el 22 de abril de 1904, donde permanece hasta los cuatro años, pues en 1909 tras una breve estancia en Madrid, la familia se traslada a Segovia donde transcurre su adolescencia. Estos años que coinciden con la gran amistad de su padre, Blas Zambrano, con Antonio Machado, van a ser fundamentales en su vida. En 1927 asiste a las clases de J. Ortega y Gasset y de Xavier Zubiri en la Universidad Central de Madrid, completando así la carrera de Filosofía y asumiendo un papel de mediadora entre Ortega y algunos escritores jóvenes, como Sánchez Barbudo o José Antonio Maravall. En 1931 fue profesora auxiliar de la Cátedra de Metafísica en la Universidad Central, hasta el año 1936, aunque ya por esta época trabaja en la que va a ser su tesis doctoral “La salvación del individuo en Spinoza”.

Durante los años de la II República conoce y estrecha su amistad con Luis Cernuda, Rafael Dieste, Ramón Gaya, Miguel Hernández, Camilo José Cela o Arturo Serrano Plaja a través de las Misiones Pedagógicas y de otras iniciativas culturales. El 14 de septiembre de 1936 María contrae matrimonio con el historiador Alfonso Rodríguez Aldave, marchándose poco tiempo después a Chile, donde éste había sido nombrado secretario de la Embajada de la República. Haciendo escala en La Habana, conoce allí a José Lezama Lima y pronuncia una conferencia sobre Ortega y Gasset. Fue en 1937, el mismo día en que cae la ciudad de Bilbao, cuando María Zambrano y su marido regresan a España; a la pregunta de por qué vuelven si la guerra está perdida, responderán “por eso”.

Hasta el día de su salida camino del exilio, María Zambrano reside sucesivamente en Valencia y Barcelona. Su marido se incorpora al ejército, y colaborará en defensa de la República como Consejero de Propaganda y Consejero Nacional de la Infancia Evacuada. El 28 de enero de 1939 María cruza la frontera francesa, camino del exilio y en compañía de su madre, Araceli Alarcón, su hermana Araceli y el marido de ésta. Tras unas breves estancias en París y Nueva York se dirige a La Habana, donde reencuentra a Lezama Lima y es invitada como profesora de la Universidad y del Instituto de Altos Estudios e Investigaciones Científicas. De La Habana se dirige a México, donde es nombrada también profesora en la Univ. San Nicolás de Hidalgo de Morelia, (Michoacán). En 1943 y 1944 dicta cursos en el Dto. de Estudios Hispánicos de la Univ. de San Juan de Puerto Rico, así como en la Asociación de Mujeres Graduadas. Igualmente conferencia en la Asamblea de Profesores de Univ. en el exilio (La Habana).

En septiembre de 1946 viaja desde La Habana a París con motivo del fallecimiento de su madre, permaneciendo en esta ciudad y en esos duros años de postguerra hasta el 1 de enero de 1949. Desde esta fecha se traslada a La Habana, donde vivirá hasta 1953, impartiendo conferencias, cursos y clases particulares. Vuelve a Europa y se instala en Roma hasta 1964, relacionándose con intelectuales italianos como Elena Croce, Elemire Zolla y Victoria Guerrini, y españoles como Ramón Gaya, Diego de Mesa, Enrique de Rivas, Rafael Alberti y Jorge Guillén. Este mismo año se sitúa en la vieja casa de La Piéce, junto al bosque del Jura francés, lugar que entronca con su libro “Claros del bosque”.

Con el artículo de J.L. Aranguren “Los sueños de María Zambrano” (Revista de Occidente, feb. 1966) se inicia un lento reconocimiento en España de su obra. Todo el año 1973 lo pasa en Roma y de 1974 a 1978 vuelve a residir en La Piéce escribiendo “Claros del bosque” y manteniendo una intensa correspondencia con Agustín Andreu. El deterioro de su salud física es constante cuando en 1978 se traslada a Ferney-Voltaire, donde permanece dos años, hasta que en 1980 se traslada a Ginebra. En ese año, a propuesta de la colonia asturiana en Ginebra, es nombrada Hija Adoptiva del Principado de Asturias, lo que constituyó su primer reconocimiento oficial.

En 1981 es recompensada con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, a su vez el Ayuntamiento de su pueblo la nombra Hija Predilecta. Al año siguiente, el 19 de diciembre, la Junta de Gobierno de la Universidad de Málaga acuerda su nombramiento como Doctor honoris causa. El 20 de noviembre de 1984 María Zambrano pisa de nuevo suelo español y se instala en Madrid, desde donde salió en pocas ocasiones. En esta última etapa la actividad intelectual será incansable, siendo nombrada Hija Predilecta de Andalucía el 28 de febrero de 1985. Después, en 1987, se constituye en Vélez la Fundación que lleva su nombre, y en 1988 se le concede el Premio Cervantes. Finalmente el 6 de febrero de 1991 María fallece en Madrid, siendo enterrada en su pueblo natal. No obstante seguirá recibiendo reconocimientos sociales, como el de “Hija Predilecta de la Provincia de Málaga” el 25 de abril de 2002. El 27 de noviembre de 2006 el Ministerio de Fomento bautizó con su nombre la estación central de ferrocarril de Málaga.

Obra:

* Horizontes del liberalismo (1930)
* Hacia un saber del alma (1934)
* Filosofía y poesía (1939)(FCE México)
* Hacia un saber sobre el alma (1950)
* El hombre y lo divino (1953)
* Delirio y destino (escrito en 1953 y publicado en 1989)
* Persona y Democracia (1958, reeditado en 1988)
* España, sueño y verdad
* Los sueños y el tiempo (reeditada en 1998)
* El sueño creador
* Claros del bosque (1977).
* La tumba de Antígona, (1983) (Mondadori España S.A., 1989)
* De la aurora (1986)
* El reposo de la luz (1986)
* Los bienaventurados (1979)
* Para una historia de la piedad (1989)
* Unamuno (escrito en 1940 y publicado en el 2003)
* Cartas de la Pièce. Conrrespondencia con Agustín Andreu (escrito en los 70 y publicado en el 2002)
* La confesión, género literario y método (Luminar: México, 1943; Mondadori: Madrid 1988 y Siruela: Madrid, 1995)

Algunos dictados y sentencias:

* La actitud de preguntar supone la aparición de la conciencia.
* La pregunta, que es el despertar del hombre.
* La palabra de la poesía temblará siempre sobre el silencio y sólo la órbita de un ritmo podrá sostenerla.
* Filosófico es el preguntar y poético el hallazgo.
* La filosofía es una preparación para la muerte y el filósofo el hombre que está maduro para ella.
* La Tierra lo arregla todo, lo distribuye todo. Bueno, quiero decir estas cosas, si la dejan. Pero no la dejan, no. No la dejan nunca ellos, los que mandan. ¿La dejarán alguna vez que haga su trabajo en paz?
* Quien tiene la unidad, lo tiene todo. (Filosofía y poesía, FCE, México).

Fuente: Wikipedia.