jueves, 9 de agosto de 2007

La Parroquia de San Gil


Parece ser que esta Parroquia de San Gil se fundó en la segunda mitad del siglo XIII, siendo transformada en el siglo XIV y nuevamente remodelada en el XVIII. Tuvo que ser restaurada en el siglo XIX, debido a que fue saqueada y quemada durante los disturbios del 36.

El templo fue dedicado a San Gil por el Obispo Remondo en recuerdo de la iglesia segoviana del mismo título, donde recibió el prelado el bautismo. Para el historiador Ortíz de Zuñiga el edificio fue posterior a la toma de Sevilla por Fernando III, argumentando que se pudo construir sobre el solar de alguna mezquita próxima a la puerta árabe de por aquel entonces denominada “Bab Macarana” (actual puerta de la Macarena).

San Gil:


Este Santo, de vida casi legendaria nació en Atenas en el siglo VII. De familia noble, sus padres aplicaron todo su esmero en la educación de su hijo. Ya desde muy pequeño dio ejemplo de caridad extraordinaria, desnudándose y entregando sus vestidos a los mas pobres. Al morir sus progenitores vendió todos sus bienes, distribuyendo lo recaudado entre los necesitados. Determinado a hacer penitencia se retiró, primero a una isla cercana a Atenas, para posteriormente, y buscando mas soledad, embarcarse rumbo a Francia.

Llegado a Provenza se hizo discípulo de l santo prelado Cesaréo, obispo de Arlés y Nimes. Un día Childeberto, rey de Francia se le antojó una batida de caza, y en el estruendo de la cacería, hirieron al animal que, jadeante corrió a refugiarse en la cueva del santo ermitaño. Hasta allí llegaron los perros que no se atrevieron a forzar la entrada del refugio. Los de la comitiva real dispararon al interior de la cueva varias flechas, una de las cuales hirió al Santo. Penetró a continuación el rey en su interior, y descubrió con veneración a Gil y a la cierva echada a sus pies.

Admirado por la vida de piedad que llevaba el retirado, Childeberto le construyó un monasterio, del que fue nombrado abad, admitiéndole como consejero espiritual suyo. En este cenobio murió el ermitaño el 1 de septiembre del 725, y su cuerpo fue trasladado a la iglesia de San Saturnino de Tolouse, donde reposa en una preciosa urna. En su iconografía aparece vestido con el hábito benedictino, llevando un libro por sus meditaciones. A menudo lleva en el pecho clavada la flecha que hirió a la cierva y le suele acompañar este animal.

Exterior del templo:

Lo mas interesante del exterior de San Gil son, sin duda alguna, las portadas laterales, que pertenecen a la primera mitad del siglo XIV. La que se abre por la epístola da a la plaza de San Gil y consta de un gran arco ojival bajo terajoz pétreo. A la derecha de esta portada se alza la torre que fue alminar de la primitiva mezquita, transformada y restaurada en el siglo XVIII, lo que acabó con su carácter musulmán. La torre consta de dos cuerpos, el primero es de inspiración mudéjar, que se completa con óculos en la parte superior. El segundo cuerpo consta de dos arcos de medio punto a cada frente, y constituyen el cuerpo de campanas propiamente dicho. Un chapitel hexagonal de azulejería trianera cierran el conjunto.
La otra portada, la que se abre a los pies, es de ladrillo y arquitrabada. Se encuentra enmarcada por pilares y culminada con un dintel, bajo el cual corre una serie de ladrillos que imitan canecillos. Junto a esta puerta existe un azulejo que recuerda la estancia de la hermandad de la Macarena en este templo, durante algo mas de 300 años. No nos podemos olvidar de la parte exterior del ábside pues sus contrafuertes se remontan a la reedificación ejecutada por Pedro.

Junto al ábside, en la parte que da a San Luís se sitúa un bonito retablo cerámico de la Virgen del Carmen. Es obra de Facundo Peláez y se elaboró en cerámica Santa Ana en 1973. En Sevilla existen varios retablos callejeros con esta advocación, y esto se debe a la enorme popularidad que alcanzó su culto. La devoción de esta Virgen consistía principalmente en portar su escapulario, así como rezar 7 veces el Padrenuestro con el Ave María y el Gloria Patri, y que los carmelitas se encargaron de extender por todo el mundo.

Interior del templo:


El interior del templo se organiza en tres naves, antepresbiterio y presbiterio, aunque algunos historiadores consideran que pudo ser de una sola nave, convertida en tres en fecha posterior. Se sustenta por medio de pilares que constituyen el paso a las naves laterales, mientras que se ilumina con vidrieras, que en las naves laterales ostentan insignias episcopales y nobiliarias. El presbiterio lo ilumina un óculo con el Espíritu Santo y Los Cuatro Evangelistas. Todo el templo queda ceñido por un zócalo de azulejería trianera moderna, lo que ayuda a evitar posibles humedades.

Como siempre vamos a comenzar nuestro paseo por el interior de San Gil por la zona del presbiterio, para pasar después a las naves laterales. Muy interesante y muy digno de nuestra atención es el alicatado geométrico del sXIII que decora la parte inferior del presbiterio. En este caso no hay un retablo mayor que presida el templo, sino un templete neobarroco moderno que aloja en su interior al titular, a San Gil. Se trata de una talla en madera policromada moderna que representa al Santo en su iconografía tradicional, pues aparece acompañado de la cierva, que está a sus pies.

Nave de la Epístola:


Desde los pies de esta nave derecha y hacia el presbiterio la primera capilla que nos encontramos es la de la Hermandad de la Virgen del Rocío, de la Hermandad del Barrio de la Macarena. En esta capilla podemos observar el magnífico Simpecado de la titular. Delante se sitúa una escultura del Niño Jesús, vestido de pastorcito, del siglo XVIII, mientras que al los lados planean dos ángeles lampadarios espléndidos. Muy bonito el damasco verde que tapiza toda la capilla y que le da un aspecto muy particular.

Continuando por la nave se encuentra a continuación la capilla de Animas, que contiene un retablo de estilo clasicista en cuyo centro se sitúa un lienzo con el tema de Las Animas de mediados de este siglo.
Dos lienzos de Juan del Espinal (de fines del XVIII) podemos observar al salir de la capilla; uno con el tema de La Muerte de San Jerónimo y San Jerónimo discute con los Doctores.

La última capilla de esta nave es la dedicada a la Virgen del Carmen, que se cierra por una reja de 1623. Esta capilla es de planta cuadrada y la ciñe un magnífico zócalo de azulejería trianera, que algunos historiadores fechan del siglo XIV y los emparentan con el estilo cerámico del Alcázar de Sevilla. En un retablo barroco de mediados del XVIII se venera a la imagen de Nuestra Señora del Carmen, titular de la hermandad de mismo nombre. La talla es de vestir, y es obra moderna de José Ordoñez. El Niño Jesús es obra de Francisco Buiza del año 1966, quién también retocó la imagen mariana en 1975. Ya a la derecha de la Virgen podemos ver un lienzo en el que se representa a San Felipe Neri, del sXVIII. No menos interesante es un lienzo que se encuentra en la zona superior de la cancela de ingreso que representa la Adoración de lo Pastores, del XVIII.

En el machón del presbiterio y por la zona de la Epístola se venera, sobre repisa y enmarcamiento de terciopelo, una talla de Santa Rita moderna. Justo debajo está situada la pila bautismal, que originalmente se encontraba a los pies de la nave izquierda.

Nave del Evangelio:


Cambiamos de nave, y pasando por delante del presbiterio llegamos hasta el machón por la parte del evangelio, es decir nos encontramos en la cabecera de la nave izquierda. Lo primero que podemos ver es una imagen del Sagrado Corazón, que se encuentra expuesta al culto sobre una sencilla repisa.

A continuación se abre la antigua capilla de la Macarena, ahora Sacramental, que se cierra por medio de una reja del XVIII. En su interior se levanta un altar moderno en cuyo centro se aloja una talla moderna de la Inmaculada. El retablo se completa en el ático por un lienzo de La Ultima Cena, copia de Alonso Vázquez. Dos lienzos mas podemos observar es esta capilla; a la izda uno de La Divina Pastora, y al otro lado uno de San Francisco, ambos del siglo XVIII. Es en esta misma capilla en la que residieron durante mas de 300 años los tres titulares de la Hermandad de la Esperanza Macarena, el Señor de la Sentencia, La Esperanza y Nuestra Señora del Rosario.

A continuación tenemos la puerta que comunica San Gil con la Basílica, y tras de ella se encuentra sobre una sencilla repisa una imagen de San Antonio de Padua moderna. Junto a éste se abre la capilla de La Milagrosa, en cuyo interior se alza un retablo neobarroco en cuyo centro se halla una imagen moderna de la Milagrosa. Resulta curioso el lienzo que hay sobre el cancel de esta capilla, que representa El Asalto al monasterio de los Jerónimos de Belén, obra de Juan del Espinal del s. XVIII, y que representa el último de una serie que realizó para el convento de San Jerónimo del Campo.

Ya a los pies de esta nave izquierda cerraremos nuestro recorrido con un crucificado moderno de escaso mérito artístico a tamaño natural. También quería hacer mención a las estaciones del Vía Crucis, que fueron realizadas en azulejería de trianera en 1937.

Hermandades:


La Real y Fervorosa Hermandad de Nuestra Señora del Carmen se fundó en el año 1905 en la parroquia de San Gil, aunque según parece ya existía en el año 1880, según el padre carmelita Fray Ismael de Santa Teresita, que la referencia cuando habla de la Hermandad del Carmen de Santa Catalina. El título de Real le viene a la Hermandad por tener en sus libros firmas de personas reales como las de la Reina Amalia de Portugal y la Infanta María Luisa. Desgraciadamente la primitiva imagen de la Virgen, la que según parece era bellísima, se perdió en el incendio del 36, así como el resto de los enseres de la hermandad. Ante este suceso la hermandad quedó maltrecha y desmembrada hasta que un grupo de antiguos hermanos la reorganizaron en 1940, volviendo a San Gil en 1943.

Dos hermandades mas radican en este templo que son las Hermandad Sacramental y la Hermandad del Rocío del Barrio de la Macarena, que realiza todos los años el camino como el resto de las hermandades rocieras de la ciudad.

Misas y Feligresía:


*Laborales: 19´30 horas.
*Domingos y Festivos: 9´00 y 11´00 horas (hay una a las 12´00 dedicada a los niños, pero sólo durante el curso)
19´00 horas.

Que duda cabe que la cercanía de la Basílica de la Macarena al templo de San Gil ha condicionado su actual situación. Se trata de dos templos independientes pero que tiene el mismo director espiritual así como los sacerdotes que dan las misas. Eso sí, todos los sacramentos con bodas, bautizos y comuniones han de pasar antes por San Gil, ya que es la parroquia propiamente dicha. Lo importante es que tanto la Basílica como San Gil tienen una gran afluencia de feligreses a todas las misas, llenándose ambos durante los fines de semana, especialmente en domingo. Hay que tener en cuenta que los horarios de misa de uno y otro templo no coinciden, por lo que la gente entra en uno u otro dependiendo del que tenga un horario que mas le convenga.

Cultos y Celebraciones:

• En las proximidades del día 16 de Julio se celebra un solemne triduo a la Virgen del Carmen. La procesión suele coincidir con el domingo que mas se acerque al día 16.
• La Hermandad del Rocío comienza sus cultos dos semanas antes
de iniciar el camino, como preparación.

La Hermandad Sacramental centra sus actividades, lógicamente, alrededor de la festividad del Corpus.

Triduo a San Gil, el titular del templo, a finales de Octubre.

Anécdotas y Curiosidades:


A espaldas de San Gil, el palacio de Don Pedro Pumarejo preside la plaza del mismo nombre, y curiosamente, en el tramo de la calle San Luis que va desde esta plaza hasta a la de Santa Marina, fue donde el rey Pedro I el Cruel vio por primera vez a Doña María Coronel y se enamoró de ella. Este es el origen de la leyenda que ya relatamos en nuestro capítulo dedicado a la iglesia de san Pedro. Tal fue el acoso al que sometió Pedro I a Doña María Coronel, que ésta, para huir de las vehemencias del monarca, se arrojó aceite hirviendo en el rostro.

Otra tradición cuenta que el rey Pedro I mandó enterrar vivo en la plaza de San Gil al arcediano Jofre Díaz de Astorga, por negarse este sacerdote a dar sepultura a un pobre.