martes, 23 de septiembre de 2008

El arroyo Tagarete

El arroyo Tagarete en 1838.


En la Edad Antigua, la ciudad estaba prácticamente delimitada por cauces de ríos y arroyos en todos sus flancos: el actual Guadalquivir por la parte occidental, además de dos cauces del mismo que se cruzaban en la Alameda, penetrando uno por la Barqueta y desembocando a la altura de García de Vinuesa mientras que el otro entraba por la collación de las calles Aceituno, Alcántara y plaza del Pelícano para acabar cerca del puente de Triana. Por si fuera poco, en la parte oriental discurría el arroyo Tagarete, que se encargaba de convertir prácticamente la ciudad en una isla.

Procedente de la comarca de Los Alcores, el arroyo Miraflores cambiaba su nombre por Tagarete en las inmediaciones de la capital para establecer su flanco oriental y desembocar junto al lugar donde hoy se asienta la Torre del Oro; algo parecido pasaba con otro arroyo hermano de éste, el Ranillas, que cambiaba su nombre por Tamarguillo para desembocar un poco más abajo que el Tagarete.

El cauce del Tagarete discurría por la actual calle Arroyo, donde tenía dos alcantarillas o puentes, el del Burón y el de la Trinidad; de allí seguía por la zona de Amador de los Ríos hasta el cruce de la Avenida Mata Carriazo con Eduardo Dato, donde coincidiendo con los Caños de Carmona se encontraba la alcantarilla de las Madejas. Más abajo se encontraba la de San Bernardo, a continuación la del Ganado (por la cercanía del Matadero y del Prado de San Sebastián, lugar donde pastaban las reses); después bajaba hasta la Plaza de Don Juan de Austria, donde estaba la alcantarilla Nueva, para girar por la calle San Fernando hasta la Puerta de Jerez, donde se encontraba un nuevo puente. Desde allí hasta la Torre del Oro, había tres alcantarillas más que hacían posible el tránsito entre El Arenal y el barrio del rey de Marruecos, actual entorno de San Telmo.

Este discurrir del Tagarete, a través de la Sevilla extramuros explcia bastantes aspectos de la actual fisonomía de la ciudad, como por ejemplo nombres de calles, la propia existencia de éstas y, curiosamente, que el foso de la antigua Fábrica de Tabacos, hoy Universidad, está situado tan sólo a tres lados de la misma; esto se debe a que el cuarto lado, el que da a la calle San Fernando, era el propio Tagarete, que completaba dicho perímetro hasta que fue entubado a mediados del siglo XIX.

A un primer entubamiento por la calle San Fernando efectuado por Arjona en 1849 le suceden algunos más, hasta que en 1929 con motivo de la Exposición Iberoamericana el cauce es desviado definitivamente para hacerlo coincidir con el de otro arroyo que también campaba por el extrarradio de la ciudad, el Tamarguillo.

Este desvío permitía liberar el suelo ocupado por el cauce del arroyo y surgieron calles como Arroyo y todas las mencionadas anteriormente.

En la década de los 60 se modificarían por última vez los cauces de los arroyos, separándose otra vez el Tagarete del Tamarguillo y dirigiéndose hacia el norte a través de lo que, curiosamente, hoy conocemos como Canal del Tamarguillo. De esta forma se volvieron a liberar terrenos que fueron colmatados para formar la actual Ronda del Tamarguillo.

Pese a estos cambios de dirección, de desembocadura y hasta de nombre, el antiguo afluente siguió (y sigue) discurriendo por el subsuelo de esas calles, aunque con el agua de otros hilos fluviales, como fuentes y manantiales, que siguen dando vida a las antiguas bóvedas del Tagarete.

Además, en el Parque de Miraflores se ha recuperado un pequeño tramo del cauce de este arroyo junto a una de sus alcantarillas que lo sorteaban, que ha sido restaurada.

De todas formas, la mayor parte de las aguas del Tagarete discurren por el borde norte de la ciudad, conformando de nuevo uno de os límites de la misma como ha sido siempre a lo largo de su historia, aunque tenga el nombre cambiado.

Fuente: Sevillanadas.