viernes, 16 de noviembre de 2007

El Puente del Alamillo


El puente del Alamillo es un puente atirantado de pilón contrapeso que cruza el río Guadalquivir. Fue diseñado por Santiago Calatrava y terminado en 1992. Se construyó para permitir el acceso a la isla de La Cartuja, donde tuvo lugar la Expo 92. El primer proyecto constaba de dos puentes iguales, mirando cada uno en su dirección opuesta, pero el presupuesto no concebía el par, por lo que pudo erigirse sólo uno. El puente consta de un único pilar que actúa de contrapeso para los 200 m del puente gracias a trece largos cables. Un diseño similar es el del puente Sundial Bridge, también de Calatrava, terminado en 2004 en Redding (California).


Tiene una longitud de unos 200 metros y está considerado como el primer puente sustentado por cables en el que la plataforma se equilibra con el peso de la torre inclinada hacia atrás. Ésta tiene una altura de 142 metros, y una inclinación de 48º realizada con secciones hexagonales de planchas de acero revestidas de hormigón en masa, en el cual se alojan los 13 pares de cables que sostienen el tablero.

El tablero está diseñado con una estructura metálica, y se compone de un cajón central y de forma hexagonal donde se encuentran los anclajes activos de los tirantes. De este cajón parten unas costillas metálicas de 4 metros, a ambos lados, sobre las que se apoya una losa de hormigón que forma el tablero por donde debe circular el tráfico.

Para su construcción se empleó una de las mayores grúas de tierra del mundo, capaz de elevar 200 Tm a 150 m de altura.


El puente no tiene tirantes de retenida (sólo hay tirantes a un lado de la torre) constituyendo el primer puente atirantado que no posee esta banda de tirantes de manera que no se recogen las fuerzas que reciben los tirantes de un lado de la torre con otros tirantes que estuvieran al otro lado. En este puente tuvieron que realizarse unas cuantas actuaciones tanto en su diseño como en su ejecución que no hubieran sido necesarias si se hubiera realizado esa banda de tirantes de retenida, lo que dio lugar a un gasto muy superior al que se hubiera tenido con un puente atirantado común. Por ejemplo, se tuvo que realizar un tablero con un canto mucho mayor al que se da en los puentes atirantados. A los pocos días de levantarse, uno de los cables sufrió un pequeño incendio antes de pasar la prueba de peso. El alto del puente sirve como mirador, es conocido como "el ojo de la cabeza de caballo" y no se encuentra abierto al público.


Se convirtió en su día en una de las obras más emblemáticas de Sevilla.