sábado, 22 de febrero de 2014

Paisano Antonio

Mi infancia también son recuerdos de un patio de Sevilla, paisano Antonio. Y de palomas blancas revoloteando un parque donde arrulla el agua de una fuente en forma de sirena. Y de flores de naranjo cuya esencia te envuelve al llegar la primavera. Y de callejas, plazas y alcázares cristianos donde se duerme el silencio, entre arrayanes y sombras, entre palmeras al viento, entre estanques y jardines donde se hilvanan los versos de los poetas más hondos, de los poetas eternos.

De los poetas eternos, paisano Antonio. Poetas como su hermano Manuel, tan injustamente olvidado. Ese sí que era un poeta excelente, de prosa íntima y delicada que ahondaba en el profundo amor que sentía por esta tierra y no usted, absolutamente mediocre e idealizado.

Al igual que usted, yo también tuve que emigrar, abandonando mi tierra. Fui desterrado en contra de mi voluntad por culpa de una maldita crisis que me tocó padecer, buscan o refugio en otro país, en otra cultura, en otra vida tan distinta a la mía. Pero no por ello olvidé nunca mis orígenes. Antes preferiría la muerte. Por eso, mientras tenga la ocasión, la defenderé contra viento y marea, por más ríos castellanos que me encuentre entre grises peñas o por más que me duela el corazón por el amor de una mujer. Yo amaré Andalucía mientras viva. Ayer, hoy y siempre. Esté donde esté. No como usted, que odiaba profundamente esta tierra, tal y como dejó patente en las cartas que envió a muchos de sus amigos. Así le hablaba de Baeza a su amigo José María Palacio:

"Esta tierra es casi analfabeta. Soria es Atenas comparada con esta ciudad donde ni aún periódicos se leen" (Ep 101).

Luego vendrían las confidencias a Miguel de Unamuno en 1914, donde confesaba sentirse "resignado" en este "poblachón moruno sin esperanzas de salir de él" (Ep 132), y, en otra, al año siguiente, a Juan Ramón Jiménez, se quejaba: "Llevo ocho años de destierro y ya me pesa esta vida provinciana en que acaba uno por devorarse a sí mismo" (Ep 137).

De esta otra forma criticaba a los habitantes de la ciudad que le había visto nacer un 26 de julio de 1875 en una de las dependencias del Palacio de Dueñas:



¡Oh, maravilla,

Sevilla sin sevillanos,
la gran Sevilla!
Dadme una Sevilla vieja
donde se dormía el tiempo
con palacios con jardines,
bajo un azul de convento.
Salud, oh sonrisa clara
del sol en el limonero
de mi rincón de Sevilla,
¡oh alegre como un pandero,
luna redonda y beata
sobre el tapial de mi huerto!
Sevilla y su verde orilla,
sin toreros ni gitanos,
Sevilla sin sevillanos,
¡oh maravilla!



Por todo ello es por lo que, en estos días, me acuerdo más de su hermano, Manuel Machado, poeta entre poetas, un profundo enamorado de mi patria, de las tierras y las costumbres de Andalucía. Y, espero que sea a él, y no a usted, a quien mi pueblo le levante el más grande de los monumentos.