jueves, 28 de junio de 2007

De Córdoba a Espejo


Justo antes de llegar a Espejo, podrá y quizá deberá desviarse a Montilla. Epicteto, el sapientísimo filósofo estoico decía que es bueno emborracharse una vez al mes para relajar el alma. El viajero será libre de seguir o no la máxima clásica, pero el mes está casi vencido y él siente aún cierto desasosiego en sus adentros...

Le recomendamos que empiece con el fino y sea muy parco con el amontillado. Y dejaríamos de hablarle en este mismo renglón si fuese capaz de abandonar el lugar sin probar las alcachofas que se preparan al estilo del pueblo.

De vuelta a la ruta principal, percibirá que en su ausencia han construido los cristianos en Espejo dos bellas iglesias góticas sobre las ruinas o los derribos de las viejas mezquitas musulmanas. También admirará desde fuera un castillo que sus nobilísimos amos cierran a cal y canto, ajenos a curiosidades turísticas, visitas y demás demagogias modernizantes.

Sabrá también que otros titulados descendientes de los conquistadores mantienen en clausura el castillo de Montemayor, del que sabe por referencias que tiene buenos detalles mudéjares en sus interiores.

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