sábado, 28 de julio de 2007

La Iglesia de Santa Ana


La Iglesia de Santa Ana fue el primer templo construido en Sevilla tras la ocupación cristiana, sin contar las mezquitas existentes que fueron purificadas y dedicadas al culto por el nuevo poder que se asienta en el territorio.

Para la construcción de esta iglesia de nueva planta, que comienza en 1276, se toma el modelo arquitectónico castellano, el cisterciense, tal y como corresponde al origen de los conquistadores. Este modelo evolucionará posteriormente adoptando elementos almohades para dar lugar al modelo de iglesia sevillana. En ello influirá la falta de piedra en la zona, que será sustituida por ladrillo y madera, y de arquitectos castellanos, lo que obligará a recurrir a los alarifes hispano-musulmanes que emplearán las técnicas que les son familiares.

Así aparecerá un modelo de iglesia con planta de salón, con tres naves esbeltas y cubierta de madera. La fusión del estilo castellano y el musulmán llevará al uso de la piedra en las partes nobles de la iglesia (la cabecera y las portadas, realizadas por maestros canteros venidos desde tierras castellanas) y de ladrillo en el resto. La decoración será más musulmana que gótica, con el uso de dientes de sierra o de lobo, puntas de diamante y decoración geométrica.

La Iglesia de Santa Ana es de planta rectangular, con tres naves, la central doble de ancha que las laterales y un poco más alta. Los pilares son cruciformes y las cubiertas son de ladrillo a excepción de la correspondiente a la cabecera de la iglesia, que es de piedra como corresponde a una parte noble de la misma. La piedra se utiliza además en los nervios y arcos así como en las columnillas y ménsulas que los sostienen, mientras que el resto se hace de ladrillo. La cubierta gótica y el triple ábside son características únicas de esta Iglesia (junto con la de San Antón en Trigueros), pues las próximas que se construyan ya tendrán la cubierta mudéjar característica del estilo sevillano.

Por lo demás, la iglesia presenta mezclas debidas a modificaciones posteriores realizadas al gusto de cada época y reconstrucciones por causa de los terremotos, como el de 1356 y el de 1755. El primero de ellos provocó el derrumbamiento del ábside, cuya reconstrucción supuso el añadido de un tramo recto en la cabecera (característico del modelo sevillano) antes del clásico tramo poligonal. Por cierto que el nervio central de este tramo aparece torcido respecto al resto de la nave central.


La decoración de los arcos muestra elementos indígenas como las puntas de diamante, obra de los alarifes almohades. Sobre los arcos cabalga un corredor, el triforio, que conecta este modelo con modelos franceses (en concreto el de Nôtre Dame). Su razón se explica en la concepción de las primeras iglesias andaluzas como templos fortaleza. Esto se aprecia también en la ausencia de ventanas en la parte baja (todo lo más existen aspilleras) y la existencia de azoteas. El triforio permitía pasar de un lado a otro a cubierto y servía a la vez de pequeño almacén de armas. Todos estos elementos desaparecerán pronto, cuando se afiancen las fronteras. En particular, la supresión del corredor provocará una bajada de los techos de las naves laterales.
Decoración interior

La decoración interior de la iglesia se debe en su mayor parte al s. XVI, en el cual vivió su época de mayor esplendor por su vinculación al floreciente puerto de Indias. Posee muestras platerescas, como una capilla y, sobre todo, el magnífico retablo mayor de Nufro Sánchez, con tablas pintadas por el pintor flamenco Pedro de Campaña. Es un gran retablo de arquitectura, con hermosas columnas y balaustres, y con un hermoso programa iconográfico basado en la familia de Jesús.

Del resto de la iglesia destacamos el cuadro de Alonso Vázquez situado en la capilla bautismal, único firmado por el autor, la “Virgen de la Rosa” de Alejo Fernández, situado en el trascoro, y una lápida de azulejería de Nicoluso Pisano “víctima” de las mozas casaderas del barrio en virtud de sus supuestas propiedades curativas de la soltería.

De los muros de la iglesia de Santa Ana cuelga una vieja inscripción, renovada paulatinamente a lo largo de los siglos, que narra la historia de la fundación del edificio, relacionada con la curación de una enfermedad que padecía en los ojos el rey Alfonso X el Sabio por la milagrosa intercesión de Santa Ana. Dice así:

“Este sobredicho rey D. Alfonso estando doliente de sus ojos de muy gran mal saltósele el ojo derecho del casco e prometió a Ntra. Sra. la Virgen Sta. María el hacer aquí una iglesia que le dixesen Santa Ana Madre de Ntra. Sra. Santa María e luego en una hora se le tornó el ojo sano y en su lugar. Y el noble rey D. Alfonso quando vido tan grandísimo milagro que hiciera Ntro. Señor Dios vino a este lugar y preguntó a los vecinos de Triana cómo no facían aquí iglesia y ellos le dixeron Señor agor la queremos fazer e preguntoles cómo les querían poner nombre e ellos dixeron queremos le digan Santa María e entonces dixo el noble Señor rey D. Alfonso yo tengo por bien y es mi voluntad de facer aquí una iglesia a honor de la bienaventurada Sra. Santa Ana Madre de Ntra. Sra. la Virgen María a quien yo soy tenudo de servir e porque yo he bien e por cuanta ayuda me face que sin ella yo non podría acabar lo que pido al su precioso hijo Ntro. Señor. Entonces dixeron los Jurados e los homes buenos vecinos de la collación fágase señor lo que vos mandaredes pero que vos demandamos Señor de merced que lo sepa antes e hagamos la relación al Señor Arzobispo D. Remondo vuestro compadre padrino del muy noble rey D. Sancho e rogole que por su amor cabalgase e pasase aquí a Triana e que bendijese aquesta iglesia y el señor Arzobispo D. Remondo por su ruego lo hizo ansí e bendixo este santo templo e luego fizo e estableció esta vocacion a loor e alabanza de la buenaventurada Señora Sta. Ana”


El Interior de Santa Ana contiene importantes obras de arte:
- El Retablo Mayor y varias esculturas de Nufro de Ortega y Nicolás de Jurate de alrededor de 1540,
- pinturas en el Retablo Mayor de Pedro de Campaña,
- el Stmo. Cristo del Socorro de Andrés de Ocampo de 1620,
- la Lauda Sepulcral de D. Iñigo López de 1503 (dice la leyenda que asegura matrimonio a las mujeres que le den siete patadas).