viernes, 3 de agosto de 2007

La Parroquia de la Magdalena


La Parroquia de Santa María Magdalena, la Magdalena sin más para los sevillanos, tiene su origen histórico en los años inmediatos a 1248, en que tuvo lugar la conquista de la Ciudad a los musulmanes por San Fernando.

Fue el Arzobispo de Sevilla Don Remondo, auténtico procurador de la Iglesia hispalense desde aquel histórico 23 de noviembre de 1248 -día en que la Virgen de los Reyes tomó posesión de la Mezquita Mayor Almohade- el que trazó la división parroquial de la ciudad en veinticuatro collaciones intramuros, a las que se añadiría poco después la de Santa Ana en el arrabal de Triana.

El porqué de la dedicación de un templo parroquial a la Santa de Magdala permanece siendo una cuestión oscura, en manos de los historiadores. Autores contemporáneos se inclinan por la tesis de que, al trazar el mapa parroquial, se trató de representar una visión general de la Iglesia. Así se dedicaron las nuevas Parroquias al Salvador y a su Madre - Santa María de la Sede, titular de la Catedral Metropolitana-; al arcángel San Miguel; al precursor del Mesías, San Juan Bautista; a los Santos Apóstoles; a Vírgenes y Santas (Santa María Magdalena entre ellas) ; finalmente a Pontífices, Confesores, Arzobispos y Santos.

La collación fue una de las contiguas al río, junto con las de San Lorenzo, San Vicente y Omnium Sanctorum, con marcado carácter periférico manifestado en un menor porcentaje poblacional que las nueve collaciones del núcleo central de la ciudad - el correspondiente a la ciudad musulmana ocupada-, y en la existencia de fundaciones conventuales, huertas y espacios semi-vacíos. Estos rasgos van a caracterizar a nuestra Parroquia hasta prácticamente el siglo actual. Hoy en día la collación comprende sectores que aún en el siglo XIX estaban ocupados por huertas o eran contiguos al río.

Hablamos de fundaciones conventuales en la jurisdicción de la Magdalena. Ciertamente hacia 1255 se tiene ya noticia histórica de la existencia del Convento de San Pablo, de la orden de Santo Domingo de Guzmán o de Predicadores. Fundado por Fernando III el Santo para los religiosos dominicos que asistieron a su ejército en la conquista de Sevilla, se estableció en terrenos cercanos al río, con abundantes huertas. En la misma collación se fundó asimismo el Convento de Nuestra Señora de la Merced, de Frailes Mercedarios, dedicados a la redención de cautivos. Su magnífica Iglesia del XVII es hoy la Sala principal del Museo de Bellas Artes de la ciudad.

El templo parroquial:

Del primitivo templo parroquial de la Magdalena apenas si se conserva algún tipo de testimonio indirecto en fuentes históricas escritas. Fue derribado por los franceses en 1811, cuando ocuparon la ciudad los ejércitos napoleónicos. La Iglesia parroquial se trasladó a la Iglesia del Convento de San Pablo el mismo año, aunque en 1815 volvió a ser templo conventual. En 1838 se instala la Parroquia de modo definitivo, al abandonarlo los Dominicos con ocasión de la Desamortización.

Por consiguiente la actual Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena fue anteriormente templo conventual de San Pablo, si bien no el primitivo medieval, que se hundió hacia 1690, sino el segundo, construido a finales del siglo XVII y principios del XVIII.

Fundado el Convento en 1248, la iglesia primitiva fue edificada en los años inmediatos, y habría que pensar en una hermosa fábrica mudéjar similar a la de San Gil, Santa Marina o Santa Ana. Consta que en 1350 fue prácticamente destruida por un incendio, reedificándose por el rey Pedro I el Cruel. Del esplendor del convento y de las riquezas de su iglesia dan fe los principales historiadores de la época. Luis de Peraza ofrece el siguiente testimonio en su Historia de Sevilla, escrita hacia 1535:

"Hay seis monesterios de frailes dentro del circuito de Sevilla: San Pablo, de la Orden de los Predicadores, mui solemne convento, con su adornado claustro y oratorio, y muy magnífico, con su grandísimo y muy adornado refectorio y odorífero, con sus mesas de aciprés, donde a la continua residen pasados de ochenta frailes, varones de mucha santidad y así mismo mui grandes letrados y excelentísimos predicadores, y por eso este insigne convento es el mas principal del Andaluzía, del qual es agora prior, haviendo sido provincial de toda el Andaluzía otras muchas veces, el mui religioso en linage y en vida y costumbres mui religioso y por eso muy Reverendo Fray Alberto de las Casas, natural sevillano, de la generosa familia de los de las Casas, que con más devido conombre de los Casaus se debe nombrar."

Este Convento de dominicos de San Pablo, "convento más principal del Andaluzía", era la sede residencial del Padre Provincial de la Orden de Predicadores, así como un renombrado centro de estudios teológicos y casa de noviciado.

Al convertirse Sevilla en la metrópolis del Nuevo Mundo, el noviciado de San Pablo llegó a ser el centro principal donde se formaban y consagraban a Cristo los frailes dominicos, que tan relevante papel desempeñaron en la evangelización del continente americano. Baste citar al eminente Fray Bartolomé de las Casas, consagrada figura de la Escuela Española del Derecho Natural, defensor de los derechos de los indios, que fue consagrado Obispo de la Diócesis de Chiapas (México), hoy de candente actualidad, en este templo sevillano.

La Parroquia que hoy conocemos es obra principal del estilo barroco sevillano. A finales del siglo XVII, concretamente en 1691, se inicia su construcción sobre las ruinas demolidas del viejo templo gótico de San Pablo. Al hundirse las cubiertas del mismo, se produce su inexorable ruina, encargándose la reconstrucción al ya prestigioso Leonardo de Figueroa, la figura clave, como reconocen los más actuales investigadores, del tránsito del barroco del XVII al XVIII.

Leonardo de Figueroa, considerado por el historiador Sancho Corbacho como el "definidor del estilo barroco sevillano", dejó en aquel período muestras de su prodigioso sentido estético, innovador con respecto al Manierismo hasta entonces imperante, y "aclimatador" de tendencias europeas, como se percibe en las claras influencias de Borromini. Es sin duda uno de los grandes arquitectos y artistas que la Providencia quiso regalar a Sevilla, como lo demuestran sus monumentales obras de primera fila : San Pablo el Real, que hoy nos ocupa; la Iglesia de San Luís de los Franceses; la Capilla Sacramental de Santa Catalina; la intervención en el Hospital de los Venerables Sacerdotes durante 10 años (1687-1697); la remodelación del Patio Grande del Convento de la Merced; el Patio de San Acasio (el actual Círculo de Labradores), o el Palacio de San Telmo, cuyas obras dirigió en una segunda etapa (1722-1736), proyectando la Fachada Principal, el patio central, la Iglesia y gran parte de la portada.

Las obras en el Convento e Iglesia de San Pablo se prolongaron hasta 1724, en que fue consagrada - el dia 22 de octubre -. Hacia 1709 la parte principal de la fábrica estaba terminada, destinándose los restantes años a concluir la fastuosa decoración que aún caracteriza al templo. En 1811, tras la destrucción del templo de la Magdalena - en el solar de la plaza del mismo nombre- por los invasores napoleónicos, se trasladó la sede de la parroquia al Convento, si bien no de modo definitivo hasta 1838, en que tras la desamortización del Convento y la Iglesia , los dominicos pierden definitivamente la propiedad, y la Iglesia se adscribe directamente a la Diócesis. El conjunto de dependencias del Convento los conservó el Estado - y de ahí arranca la vinculación de muchas dependencias anexas a la Delegación de Hacienda-, o bien las enajenó – es el caso del Hotel Colón, construido sobre el magnífico claustro barroco derribado en 1909 tras un voraz incendio-.

La estructura de la Iglesia es la del primer templo gótico, sobre el que se reconstruyó. Consta de tres naves longitudinales y una transversal - el transepto o nave del crucero- y cinco capillas a la cabecera, la central o Capilla mayor con un ábside ochavado. La nave central es la más ancha y se cubre con una bóveda de medio cañón perforada por lunetos. Las naves laterales están cubiertas por bóvedas de arista. Anexas a estas naves se encuentran la Capilla Sacramental y la Capilla de la Quinta Angustia. La primera es rectangular con bóveda de cañón con lunetos. La segunda es posiblemente la única reliquia medieval (de fines del siglo XIV), y está formada por tres tramos cubiertos con cúpulas octogonales de traza mudéjar. Cada uno de estos tramos con su correspondiente cúpula parece haber sido una Capilla del primitivo templo mudéjar de la Magdalena. Por su riqueza destaca la central, dotada de pinturas fechables hacia 1400, que fingen una decoración de azulejos, similar a la de la Capilla de San Gregorio de la Concepción Franciscana de Toledo.

Volviendo a la nave central, se cubre por una hermosa cúpula apoyada sobre pechinas, con un tambor octogonal decorado con pilastras y capiteles-ménsula. Se remata con una linterna ornamentada en su exterior con atlantes de clara resonancia indígena americana - azteca o maya- en un bellísimo símbolo de lo que significó esta Casa Madre dominica para los Virreinatos de Ultramar. Una corona real de hierro forjado culmina la barroca fábrica. En el interior, las pechinas están decoradas con relieves de madera policromada con escenas del Antiguo Testamento, sostenidas por el águila y el león alado (símbolos de los evangelistas San Juan y San Marcos) que se deben al taller de Pedro Roldán: las pinturas de ángeles y arcángeles que cubren el interior de la cúpula , y el simbólico sol del interior de la linterna, se deben a Lucas Valdés.

En la cubierta del crucero existen hermosas buhardillas, y en los pies una hermosa espadaña de tres cuerpos. Las portadas del templo son de línea sobria dentro del enérgico barroquismo que preside el conjunto. La más destacada es la situada en la nave del crucero, protegida por un guardapolvo de madera con artesonado, o tejaroz, sostenido por tornapuntas de hierro forjado; el Santo Patrono de la Orden - Santo Domingo de Guzmán-, en una admirable Imagen pétrea de Pedro Roldán, la preside. La portada de los pies del templo, bajo la espadaña, presenta un enorme óculo enmarcado por esferas cerámicas de color azul, que simbolizan los misterios del rosario.

La decoración interior del templo es muy rica en pilastras y yeserías. La inspirada obra de Lucas Valdés y su taller trabajada al fresco sobre los muros, enriquece el conjunto, con temas relacionados con la Orden de Santo Domingo, los misterios del Rosario que decoran las naves laterales y con los apóstoles de los pilares próximos al retablo Mayor. Los últimos fueron ejecutados por Clemente de Torres, Tovar y Bernardo Germán Llorente.

El retablo mayor es un hermoso ejemplo de talla barroca, fechable en las primeras décadas del XVIII. Consta de banco, dos cuerpos superiores de tres calles compartimentadas por columnas salomónicas, y de ático. Su compartida dedicación a San Pablo y Santa María Magdalena evoca la historia del templo. En el ático aparece un altorrelieve con la Conversión del Apóstol. El segundo cuerpo lo preside la Imagen de San Pablo, que cedió su principal hornacina a la hermosa Imagen de la Titular de la Parroquia ejecutada por Felipe Malo de Molina en 1704. Bajo ella, la preciosa Imagen de la Purísima Concepción titular de la Hermandad Sacramental, obra procedente del Virreinato de la Nueva España (México) en el XVIII.

En los laterales del presbiterio existen dos portadas de mármoles rematados por hornacinas que representan la Esperanza y la Caridad. La bóveda se dedica al Triunfo de la Fé, siendo pintada por Lucas Valdés- Aparece rodeada de alegorías de las cuatro partes del mundo entonces conocidas: Europa, Asia, África y América. Santos de la Orden dominica cubren los muros del presbiterio y se extienden a la nave principal. Completan el presbiterio dos enormes lienzos originales del sevillano Matías de Arteaga y Alfaro (s.XVIII), que representan a David danzando ante el Arca de la Alianza y El pueblo israelita haciendo la ofrenda en el Templo de Jerusalén (o la ofrenda de los panes por Melquisedec).

La nave del crucero presenta unas tribunas o deambulatorios de gran originalidad en la ciudad, de madera profusamente tallada y dorada. Sobre ellas lucen dos hermosas pinturas al fresco de Lucas Valdés. La del lado de la Epístola representa un auto de fe en la Edad Media. La del Evangelio la entrada de San Fernando en Sevilla.

La primera Capilla del lado de la Epístola, que estuvo dedicada a Santo Domingo de Guzmán, es la que actualmente posee la Hermandad del Calvario. El portentoso crucificado de Francisco de Ocampo, fechado en 1612, recibe el culto de su Hermandad y sus devotos junto a la bellísima Dolorosa de la Presentación, obra de Juan de Astorga en el siglo XIX, y el San Juan Evangelista del mismo autor.

A su lado se encuentra una hornacina con una imagen de Santa Mónica atribuida a Pedro Roldán, y seguidamente la Capilla de San Antonio, y ya en el muro del crucero los retablos de la Virgen del Carmen ( imagen de vestir de la escuela sevillana del XVIII) y de San José, magnífica talla atribuida a Montes de Oca. El último retablo del lado derecho del crucero es igualmente barroco (primer cuarto del XVIII), y cobija en la actualidad - entendemos que de modo provisional- a una Imagen moderna del Sagrado Corazón.

Al inicio de la nave de la Epístola, se encuentra una de las más valiosas obras escultóricas de la Parroquia. Se trata del relieve de la Asunción de la Santísima Virgen, obra de Juan de Mesa en 1619.

La Capilla Sacramental, a la que antes nos referimos, guarda en el camarín de su retablo una bellísima Inmaculada de mediados del siglo XVIII flanqueada por los arcángeles San Miguel y San Rafael, así como las dos grandes joyas pictóricas de Zurbarán: La Curación milagrosa del Beato Reginaldo de Orleans y La entrega milagrosa del verdadero retrato de Santo Domingo en el monasterio de Soriano. Cierra la Capilla una magnífica reja de 1588. Contigüa se encuentra en el muro la pintura al lienzo de La Virgen del Rosario protegiendo las naves españolas en la Batalla de Lepanto, magnífica perspectiva de la famosa batalla naval, obra de Lucas Valdés.

Un relieve dieciochesco de San Cayetano y el retablo dedicado a Santa Rita de Casia - representada en una imagen barroca de vestir- dan paso finalmente a la Capilla bautismal, en cuya pila se cristianó el uno de enero de 1618 el gran pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo ( a otros muchos modestos feligreses nos cupo el honor de ser recibidos a la Fe en tan histórica pila).

El espacioso Coro, que perdió su sillería original, guarda en dos ornamentadas hornacinas imágenes de Nuestra Sra. del Rosario y de Santo Domingo de Guzmán, patronos de la Orden de Predicadores.

Continuando nuestro recorrido encontramos la antigua Capilla sacramental, con un altar neoclásico, fechable en el primer tercio del XIX, que alberga la Imagen de vestir de Nuestra Señora del Rosario, cuyo culto mantiene la Hermandad Sacramental, y que fue la titular de la primera hermandad rosariana de San Pablo. Seguidamente está un altar barroco del primer cuarto del XVIII con hornacina que cobija al devoto Nazareno de las Fatigas, datado a principios del XVII , y a continuación el Altar de Animas, que en realidad es un retablo-marco con un lienzo de las ánimas del Purgatorio de mediados del siglo XIX.

La moderna talla de la Virgen del Buen Consejo preside el siguiente altar barroco, en cuyos laterales se muestran dos tallas meritorias barrocas de Santa Bárbara y Santa Catalina.

Ya nuevamente en el crucero encontramos el altar dedicada a la hermosa Virgen de la Antigua, dolorosa de talla completa al estilo granadino, ejecutada entre 1650 y 1651 por Pedro Roldán. Fue titular de una rica y floreciente Cofradía hasta el siglo XVIII, siendo una de las Imágenes marianas de devoción más extendida en la Sevilla barroca. Pasó al Convento una vez extinguida su Hermandad, abandonando su hermosa Capilla ubicada en el Compás del cenobio, que hoy constituye la sede canónica de la Hermandad del Stmo.Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat.

A ambos lados de la puerta que comunica con la sacristía se encuentra dos retablos del primer cuarto del XVIII. En el primero se encuentra la bellísima Virgen de las Fiebres, obra de Juan Bautista Vázquez en 1565. En el otro un grupo escultórico de San Joaquín y Santa Ana dando lecciones a la Virgen,v inculables a Francisco Antonio Gijón, en la segunda mitad del siglo XVII. Curiosamente, la relativa desproporción entre las imágenes de los sagrados abuelos se debe a su procedencia: ocupaban altares distintos en la primitiva Iglesia de la Magdalena. La siguiente Capilla se dedica a la Milagrosa; su reja está fechada en 1723, y en el interior figura un retablo de la misma época, con relieves de la vida de San Pablo, vinculables al taller de Pedro Roldán. La hornacina siguiente se dedica a Santa Rosa de Lima, imagen barroca de candelero que representa con candor a la santa americana.

Finalmente se encuentra la Capilla de la Virgen del Amparo, cerrada por medio de una reja fechable en el primer cuarto del siglo XVIII. El retablo es de esta misma época, y en sus calles laterales se encuentran Imágenes de San Gabriel (o San Miguel) y San José. La devotísima y hermosa imagen de de Nuestra Señora del Amparo preside desde el camarín la Parroquia y la feligresía, de la que es, indiscutiblemente, su Patrona. A la gubia de Roque Balduque, escultor de origen flamenco, se atribuye con fundamento su talla.

La Capilla de la Quinta Angustia, a la que nos referimos anteriormente por su valor arquitectónico, está presidida por el misterio titular de la Hermandad. El Señor del Descendimiento es portentosa factura atribuida con fundamento a Pedro Roldán. El misterio - los Santos Varones, las Santas Mujeres y San Juan Evangelista- son de Pedro Nieto. La Santísima Virgen es una acertadísima obra de Vicente Rodríguez Caso en 1933.

Se veneran asimismo un Cristo Resucitado y la Imagen del Dulce Nombre de Jesús, ambas obras de Jerónimo Hernández, junto a unos magníficos ángeles. El patrimonio pictórico es también muy rico. Valdés Leal es el autor de la magnífica serie realizada para el retablo mayor de la desaparecida Iglesia de San Benito de Calatrava, que hoy cobija la Capilla: el Calvario, la Inmaculada, San Miguel, San Antonio Abad, San Antonio de Padua, San Juan Bautista, San Andrés, Santa Catalina y San Sebastián.

En el "callejón" del Convento (que hoy abre paso a la Sacristía y la puerta de la calle Bailén) se ubica la devota talla del Crucificado de Gonfalón, o Confalón, de hacia 1536, vinculada a Nicolás León.

Los tesoros parroquiales se completan con los ajuares de orfebrería del Convento de San Pablo y de la Parroquia de la Magdalena. Destaca un ostensorio manierista de mediados del XVII cuya ráfaga está formada por cabezas de ángeles enmarcadas en "ces", y el manifestador fechado en 1729. El tabernáculo de plata del XVIII de la Capilla del Sagrario es otra obra destacable. Pero la gran joya de orfebrería es la Custodia procesional de la hermandad Sacramental, iniciada por Cristóbal Sánchez de la Rosa en 1670, y terminada por Juan Laureano de Pina con posterioridad.

La Sacristía posee hermosas pinturas murales de mediados del XVIII, con la Alegoria de la Encarnación y dos escenas de la vida de San Pablo. Del despacho parroquial merece destacarse la decoración de yeserías del techo, obra de Herrera el Viejo en 1624-1626; una Virgen del Rosario de Francisco Pacheco; una tabla de San Pedro y San Pablo de hacia 1530, y un relieve de las Marías ante el sepulcro, de la gubia de Juan Bautista Vázquez el Viejo.

Concluye con ello esta apretada síntesis de los valores históricos y artísticos de nuestra singular Parroquia, que aúna en su patrimonio material testimonios principales del arte hispalense desde la Edad Media hasta fines del XX. Un artículo divulgativo como el presente, cuyo único mérito es recopilar y contrastar información documental, quiere servir tan solo como estímulo para acercar a los cofrades al conocimiento y valoración de nuestra querida Parroquia de la Magdalena.