domingo, 21 de octubre de 2007

La Virgen de Valme

Se trata de una imagen de madera, de 0,67 cms. de altura, policromada y estofada, que puede datarse según los entendidos, en la iniciación de la Baja Edad Media. El Profesor Hernández Díaz indica que es muy difícil enjuiciar la evolución de la imagen que, como en tantos casos análogos, fue vestida en la época del barroco, alterando para ello su primitiva traza. En 1894 acometió su restauración el escultor Adolfo López, con la colaboración del pintor Virgilio Mattoni, siendo posible que el Niño se modelara de nuevo en esta época.

Tal como hoy se advierte, la expresión de la imagen, el plegado de los paños, modelado, proporción y demás elementos artísticos recuerdan obras del primer momento gótico con fórmulas que fueron propias del período artístico anterior. En su aspecto actual, el Profesor Hernández Díaz describe así la imagen:

"Aparece el grupo de María y su hijo en actitud sedente, con perfecta frontalidad. La expresión de ambas figuras es de acusado hieratismo. El Niño está colocado en el lado izquierdo de Ella y bendice a la manera latina con la diestra, portando un pájaro en la otra mano. La Señora tiene la derecha enhiesta, en actitud de sostener".

La imagen fue restaurada de nuevo en 1990 por el Taller "Ixbilia”.

La tradición:

El origen de la devoción a la Virgen de Valme y de la construcción de su ermita en terrenos de Cuarto, se remonta a los tiempos de la Reconquista de Sevilla. Cuenta una piadosa leyenda, que recogen Ortiz de Zúñiga en sus "Anales..." y todos los autores que relatan los hechos de Fernando III, que al disponerse este Rey a lanzar el ataque definitivo para la reconquista de Sevilla, que estaba en manos del rey moro Ab-Xataf, se encomendó a una pequeña imagen de la Virgen, de su particular devoción, con estas palabras aproximadas:

"Valédme, Señora, en esta empresa que acometí en nombre de Dios y gloria vuestra y yo os ofreceré en este lugar el primer pendón que tome dentro de Sevilla".


El 23 de noviembre de 1248, tras 16 meses de asedio, el Rey San Fernando III entró victorioso en la Ciudad y, cumpliendo su promesa, en la cumbre del Cerro de Cuarto, también llamado "Buenavista", hizo labrar una capilla, de estilo mudéjar, en la que colocó la imagen de la Virgen que, en recuerdo de la angustiada invocación del rey, se denominó "de Valme". A sus pies colocó el pendón del rey moro de Sevilla, que actualmente se conserva en la Parroquia de Santa María Magdalena, y ha sido fuente de inspiración para la adopción de la Bandera de la Ciudad, aprobada por Decreto 387/2000 de 5 de Septiembre (BOJA nº 111 de 26 de Septiembre).

La Romería:

Periódicamente, la imagen de la Virgen de Valme era traída a Dos Hermanas, en cuyo término se encontraba la ermita y el lugar de Cuarto, con ocasión de catástrofes, epidemias, etc. En esto podemos ver un antecedente, aunque sea remoto y esporádico, de la actual romería. En 1800 se registra una gran epidemia de fiebre amarilla por cuyo motivo se trae a Dos Hermanas a la imagen, ofreciéndosele rogativas.

En 1802 se repite la epidemia y la venida de la Virgen a Dos Hermanas, quedándose ya en la Parroquia de Santa María Magdalena, lo que provocó una cierta polémica con el Cabildo Catedral de Sevilla, que invocaba derechos sobre la imagen. Fernán Caballero nos refrendaría el hecho cuando indica: "Ateniéndonos a la tradición verbal de los vecinos, creemos que, habiéndose llevado a la Virgen en procesión de rogativa con motivo de la epidemia de 1800, denominada «La Grande», no volvió a salir de aquella Iglesia. Otros dicen que volvió después a su Santuario hasta 1802, en que fue traída definitivamente a Dos Hermanas".

El impulso definitivo de la devoción a la Virgen de Valme se debe a Fernán Caballero, cuya amistad con Latour, preceptor de los hijos de los Duques de Montpensier, determinó que éstos conocieran la tradición fernandina y se interesaran por su restauración. Así, primeramente visitaron Dos Hermanas para conocer la imagen y el pendón, que restauraron en 1857 y luego, al contemplar el estado ruinoso de la ermita de Cuarto, decidieron reconstruirla para que pudiera trasladarse a ella la Virgen de Valme. Y así lo hicieron, inaugurándose la iglesia restaurada el 9 de octubre de 1859, fecha en que, con gran solemnidad se llevó a ella en procesión a la Virgen de Valme, junto con el pendón. De esta fecha data la lápida conmemorativa donde, con letras de oro sobre mármol negro, se dice:

"En este lugar edificó el rey Fernando III una capilla a la Virgen que, con la voz de «Valme» invocó en la toma de Sevilla el año 1248. Destruida por el tiempo ha sido reedificada para gloria del país y honra de sus egregios ascendientes por sus Altezas Reales los Serenísimos Señores Infantes Doña Luisa Fernanda de Borbón y Don Antonio María de Orleans, en 1859".

El autor del proyecto de construcción de la Ermita debió ser el arquitecto Balbino Marrón, que realizó obras de similar estilo para el Duque de Montpensier.

La Hermandad de Nuestra Señora de Valme recobra nuevo impulso y aprueba sus Reglas renovadas el 7 de Agosto de 1866, haciéndose cargo también del cuidado de la ermita. En 1894 se inició la tradición, apenas interrumpida, de la Romería de Valme, trasladando el tercer domingo de Octubre a la imagen de la Virgen de Valme hasta la ermita de Cuarto, acompañada por el pueblo en masa.

Desde esta fecha se mantiene la tradición, celebrándose la Romería el tercer domingo de Octubre de cada año, Romería que por Resolución de 15 de junio de 1976 fue declarada "Fiesta de Interés Turístico". A ella acuden devotos y turistas de toda procedencia, siendo con la Romería del Rocío una de las más famosas de Andalucía. La Virgen va instalada en una carreta tirada por bueyes, hermosamente adornada de flores de papel de diversos colores. Junto a ella, de quince a veinte carretas igualmente exornadas y numerosos caballistas ataviados a la andaluza.

La Virgen de Valme fue coronada canónicamente en una solemnísima ceremonia celebrada el sábado 23 de Junio de 1973, con asistencia de las primeras autoridades de la nación. Dentro de los actos conmemorativos de tal ceremonia se inauguró el monumento de la Plaza de Menéndez y Pelayo, obra de los talleres valencianos de Vicente Coloma Llorens.