sábado, 8 de diciembre de 2007

XXIII Exposición de Dulces de los Conventos de Sevilla y su provincia


No importa que no haya carteles anunciadores en la Plaza del Triunfo, o que este año el horario haya variado y sea de diez y media de la mañana a siete de la tarde. La XXIII Exposición de Dulces de los Conventos de Sevilla y su provincia se inició el jueves día 6, como ya es tradición, con una amplia cola.

Diecisiete monasterios presentan lo mejor de sus obradores, desde dulces tradicionales con recetas de siglos a especialidades novedosas, fruto de la innovación y los más sabrosos «experimentos».

Entre los monasterios que presentan novedades este año se encuentra el de las dominicas de Madre de Dios, que desde 1998 tienen los dulces como medio de vida tras haber probado antes con otros trabajos como hacer flores, trajes de gitana e incluso tareas bancarias.

A las diez de la mañana ya el público esperaba en el Patio de Banderas para entrar en el Alcázar, y la cola llegaba hasta el número 4. A las dos de la tarde las colas eran muy grandes aunque en esta edición están partidas. Llegan hasta el final del patio de acceso y continúan fuera en el Patio de Banderas, a diferencia de otros años que era continua por el Alcázar. María Luisa Fraga y Claudia Rodríguez, de la Asociación Pro Religiosas de Clausura comentaron que las ventas ayer fueron extraordinarias y las colas ininterrumpidas, salvo a la hora del almuerzo, aunque también hubo público. Hubo muchos sevillanos entre los compradores y también mucha gente de fuera que han venido otros años y no quieren dejar de llevar a su tierra esas dulces especialidades. Los dulces sin azúcar tuvieron mucha demanda y para hoy se esperan tocinos de cielo del convento del Socorro y bollitos de Santa Iné, acabaditos de hacer.

Pasadas las diez y media de la mañana el cardenal arzobispo de Sevilla, fray Carlos Amigo, bendijo la exposición. Lo acompañaban el vicario general, Francisco Ortiz; el vicario de Vida Consagrada, Antonio Alcayde, y el alcaide del Real Alcázar, Antonio Rodríguez Galindo.

Monseñor Amigo explicó que el sentido de la exposición es el reconocimiento a estas mujeres que entregan su vida a Dios y al servicio a los demás. Señaló que el cardenal que en la muestra es singular «porque lo que aquí se expone no es sólo el trabajo, ciertamente exquisito, que realizan las monjas de clausura, sino su propia vida.No están aquí pero viven a nuestro lado y rezan por nosotros». Explicó que en Sevilla hay 40 conventos, más 4 que se han fundado desde aquí, dos en la India, uno en Kenia y otro en Guatemala, con monjas que vinieron a Sevilla, se educaron y han formado comunidades fuera. Señaló que en la diócesis hay 600 monjas, de las que más de cien «son novicias y neoprofesas, es decir que los conventos de clausura ni están vacíos ni solo cuentan con personas mayores. Gracias a Dios hay de todas las edades porque Dios continúa llamando y muchas jovenes quieren seguir este camino». Agradeció al alcaide del Alcázar su colaboración y recordó que Rodríguez Galindo dice que quiere que los Reales Alcázares «sean un poco la casa de todas las instituciones de Sevilla y traer a esta institución escondida que son las monjas de clausura es una forma de hacerla presente». También mostró su gratitud a la Vicaría de Vida Consagrada y agradeció la labor de todas las personas voluntarias, en su mayoría mujeres, que colaboran.

Un año más los dulces de los conventos han demostrado su poder de convocatoria ya que se han acreditado como exquisitos y quien prueba, repite...