jueves, 1 de mayo de 2008

La Corza


"Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia y...". Gabriel Díaz, párroco de la Corza durante 32 años, utiliza versos de Vicente Aleixandre para explicar que la plaza de su barrio no es tan bucólica como la pintó el Nobel sevillano. El espacio en torno al cual se articula la vida de este lugar situado junto a la carretera de Carmona no es, ni mucho menos, un lugar idóneo para la convivencia. Y no lo es porque a la plaza principal de La Corza le faltan dos solares por construir que están vacíos desde el año 1990.

La plaza de la Corza es un recinto al estilo de los espacios que presiden las barriadas construidas en la periferia sevillana durante la segunda mitad del siglo XX. En ella manda la parroquia que dirigió Gabriel desde 1971 hasta 2003 y que protagonizó más de un encierro de trabajadores en los últimos años del régimen franquista, durante los que el párroco presenció incluso el linchamiento de un líder sindical de la empresa Roca. La iglesia preside un recinto que fue sometido a una reurbanización hace unos meses. Las obras han dejado su sello en la plaza, que ha quedado asimétrica. Muy pocos árboles ocupan la misma hilera de losetas que los que están enfrente y una línea del suelo que no está centrada en relación con la parroquia divide al piso.

Los dos solares vacíos terminan de afear la plaza. Por uno de ellos pasan varios postes de electricidad –algunos con riesgo de caída– y el otro queda dividido por un muro que protegía una vía del tren que desapareció a finales de los ochenta, poco antes de que se acometiera la construcción de la estación de Santa Justa. En el primero crecen matorrales y jaramagos y una valla desvencijada testimonia que una vez sirvió para evitar que se formara un asentamiento de chabolistas. "Más de una vez hemos tenido que llamar a la Policía porque alguien se ha metido ahí con una furgoneta y unos cartones".

Los dos solares por edificar, vacíos desde 1990, son la cuarta fase de la reforma del barrio. La fundación de La Corza data de mediados de los años treinta de la pasada centuria. El barrio estaba destinado a lavar la imagen de la ciudad de cara a la exposición iberoamericana de 1929. La intención era que las nuevas viviendas fueran ocupadas por familias chabolistas, para que el visitante de la exposición volviera a su tierra de origen sin poder decir que había visto chabolas en la capital andaluza. Con esta idea compró el Ayuntamiento el terreno a la marquesa de la Corza a razón de una peseta por metro cuadrado, cantidad bastante elevada en los años veinte. Pero el proyecto se retrasó y la caída de Primo de Rivera, primero, y de Alfonso XIII, después, paralizaron la construcción de casas en este lugar, por entonces muy alejado del centro y prácticamente incomunicado, no comenzó hasta el decenio siguiente.

De aquellas primitivas casas queda muy poco en el barrio. Los que sí han quedado son algunos de los descendientes de los primeros que se trasladaron a vivir allí. De la Corza se marcharon 300 familias a vivir a Las Huertas, al otro lado de la vía férrea, en 1980. Sus huecos los ocuparon los desahuciados de zonas como la Alameda de Hércules y, sobre todo, Triana. Desde entonces, la población del barrio lo único que ha hecho es envejecer. Se han dado casos aislados de ventas ilegales y sólo hay un inmigrante viviendo en el barrio. No hay delincuencia, hay centros educativos muy cerca, la mayoría de los vecinos no han perdido la calidez de las relaciones de antaño y el alquiler no se paga desde hace un cuarto de siglo. "Si arreglaran esos dos solares...".

La paradoja de unos vecinos que querían vivir en pisos de alquiler

Los vecinos de La Corza abanderaron en la década de los ochenta la lucha por vivir en régimen de alquiler, precisamente en tiempos en los que imperaba la opción de los pisos en propiedad. En 1982 el Ayuntamiento, por entonces dueño de las viviendas, planteaba la compraventa de los pisos en 25 años y dejaba abierta una posibilidad para quien no pudiera pagar, que consistía en canjear la vivienda de La Corza por un piso de Los Pajaritos.

La asociación de vecinos encargó un estudio, que puso de manifiesto que el 80 por ciento de los vecinos del barrio no podían correr con los gastos de la compra de su vivienda. Tras diversas reuniones, los residentes en esta barriada decidieron cortar cada día la carretera de Carmona y en dos ocasiones se manifestaron en el andén del Ayuntamiento. Las protestas dieron su fruto y la Junta, a través de la consejería de Obras Públicas, adquirió las casas y las cedió a los vecinos en régimen de alquiler, además de ofrecer la compra a quien pudiera pagarla. La barriada todavía tenía que cambiar de propietario una vez más. A principios de los noventa, las casas de La Corza pasaban a la Empresa Pública de Suelo de Andalucía (EPSA).