martes, 7 de agosto de 2007

El Hospital de la Caridad


La Hermandad de la Santa caridad que existe en Sevilla desde mediados del siglo XVI, ya tenía sus cultos en 1.588 en el lugar que hoy ocupa la iglesia de San Jorge, enclavada en la Atarazanas Reales. Tenía entre sus misiones enterrar a los ajusticiados, y a los ahogados en el río o abandonados cuyos cuerpos nadie reclamaba.

A partir de 1.644, por ruina de la antigua capilla, se decide la construcción de una nueva iglesia según planos de Pedro Sánchez Falconete. Por falta de medios, las obras realizaron muy lentamente.

La elección de Miguel Mañara como Hermano Mayor sirvió no sólo para agilizar las obras del templo, sino para la vida de la Hermandad, que amplía sus obras de caridad. En esta fecha se funda una hospedería de pobres transeúntes y enfermerías para los que no eran admitidos en los demás hospitales de la Ciudad. Que aún hoy está en uso como residencia de ancianos desvalidos.

Los planos de la Iglesia fueron reformados por iniciativa de Mañara y la fachada fue rematada por Leonardo de Figueroa, la decoración interior de la Iglesia fue realizada por artistas tan prestigiosos como Bernado Simón Pineda, Pedro Roldán, Valdés Leal y Murillo, que plasmaron en sus pinturas, esculturas y retablos la inspiración de Miguel Mañara.


La fachada de la Iglesia está decorada con azulejos que representan a San Jorge, Santiago, La Fe, La Esperanza y La Caridad. La Iglesia es de una sola nave cubierta con bóveda de cañón y pequeña cúpula en el espacio anterior al presbiterio.

Entre las numerosas obras de Valdés Leal destacan sus dos obras maestras que contienen una profunda meditación sobre la Muerte y los acontecimientos espirituales que la suceden: Juicio, Infierno y Gloria. Estas obras daban paso a un conjunto de cuatro pinturas de Murillo, que fueron robadas por el Mariscal Soult en 1.810, encontrándose en la actualidad en diversos museos extranjeros.


El ciclo de las obras de misericordia de Murillo se continúa con las dos pinturas situadas en lo alto del muro del antepresbiterio, que representan a Moisés haciendo brotar agua de la Roca y la Multiplicación de los panes y los peces. La ultima obra de Misericordia: enterrar a los muertos, aparece plasmada en el retablo mayor, cuya arquitectura se debe a Bernardo Simón de Pineda y la escultura es obra de Pedro Roldán. Pertenecen también a este mismo escultor el Cristo de la Caridad y la escultura que remata el púlpito de hierro, destacable por su bello diseño.

Otras obras de Murillo en la Iglesia son: San Juan de Dios transportando un enfermo, La Anunciación, Santa Isabel de Hungría, El Niño Jesús y San Juan Bautista Niño.

Una mención especial merecen los patios decorados con paneles de azulejos del siglo XVII, que representan escenas del Antiguo y Nuevo Testamento.