domingo, 30 de septiembre de 2007

La Capilla de San Laureano


De acuerdo con la tradición que se viene afirmando que esta capilla fue parte arquitectónica de la Catedral que primero se construyo, y al mismo tiempo se sabe que fue la primera que se concluyo, puesto que en 1412 se celebraba ya culto en ella. En 1417 fue enterrado en su interior el arzobispo D. Alonso de Egea.

La capilla se cierra con una berja fechable en 1702, y sobre ella se abre una vidriera, realizada por Enrique Alemán en 1485, con representación de Santa Catalina, Santa María Magdalena, Santa Marta y Santa Margarita.
El interior de la capilla se ilumina con una vidriera realizada por Vicente Menardo en 1572, y en ella aparecen representaciones de San Isidoro, San Laureano y San Leandro.

La decoración que revista los muros de esta capilla fue costeada por el canónigo de la Catedral D. Valentín Lampérez y Blázquez quien dispuso que se le enterrase en ellas, conservándose su losa sepulcral con su epitafio; el retablo y las pinturas debieron realizarse entre 1700 y 1702. El retablo es de dos cuerpos y se articula a base de columnas salomónicas. En el primer cuerpo aparecen relieves que representan a San Laureano en oración y La aparición del ángel a San Laureano.

En la hornacina central aparece una escultura de San Laureano, revestido con ropas de obispo y llevando en sus manos en cuchillo, símbolo de su martirio. En el centro del segundo cuerpo figura un relieve que describe El martirio de San Laureano, mientras que en los laterales aparecen dos ángeles que llevan filacterias con inscripciones que deben aludir a la gloria del Santo titular.

Se ignora al autor de este retablo, que debe de ser también el autor de las magnificas molduras que enmarcan las cinco pinturas dispuestas en los muros de la Capilla, que fueron realizadas por Matías de Arteaga entre 1700 y 1702. Los temas de estas pinturas son La resurrección de un joven en Marsella por intervención de San Laureano, San Laureano ante el Papa Virgilio en Roma, La curación de un tullido en Roma por intervención de San Laureano, El martirio de San Laureano y La entrega de la cabeza de San Laureano al clero de Sevilla.

El sepulcro que está situado en el centro del muro frontero de la capilla pertenece al Cardenal D. Joaquin Lluch y Garriga, fallecido en 1882, y fue labrado en mármol en 1885 por el escultor Agapito Vallmitjana.