viernes, 18 de diciembre de 2009

Alcaldes de 1933 a 1936

La Guerra Civil en Sevilla

30 de diciembre de 1933/ 7 de julio de 1934.- Don Emilio Muñoz Ribero. Designado como sustituto, era médico especialista en enfermedades del estómago. Su cargo como Vicerrector de la Universidad fue declarado incompatible con la alcaldía, por lo que hubo de cesar en ésta. Durante su corto mandato solucionó algunos problemas urbanos y logró la promesa por parte del gobierno de un auxilio económico para la ciudad. Expedientó al servicio de limpieza pública por una serie de escandalosas irregularidades que protagonizaban sus miembros, denunciando ejemplarmente los excesivos e improcedentes gastos que en él había.

7 de julio de 1934/ 24 de febrero de 1936.- Isacio Contreras Rodríguez. Importante empresario comercial y agrícola que logra, finalmente, la ayuda económica prometida por el Gobierno. Durante su mandato tuvo que hacer frente a la liquidación de las deudas de la Exposición del 29 y a una larga serie de revueltas sociales y políticas que ensangrentaban las calles de la ciudad regularmente, siendo los hechos más graves el asesinato, en agosto de 1934, de un joven falangista en la calle Arroyo y el atentado que se produce, el 7 de noviembre de 1935, en la calle San Vicente, cuando las víctimas -2 jóvenes de 20 y 24 años- son acribillados a balazos cuando se encontraban colocando unos pequeños pasquines de Falange, sin que se encontraran nunca los autores de estos asesinatos; el 16 de enero de 1936 los estudiantes toman la Universidad en apoyo a la unidad de España, pero el rector tolera que las fuerzas de orden público penetren en el recinto universitario produciéndose graves enfrentamientos; el día 10 de febrero de 1936, cuando dos Hermanas de la Cruz entraron a la barriada de La Corza para atender a un tuberculoso fueron salvajemente agredidas por parte del vecindario, hecho insólito en la ciudad pues, pese al clima antirreligioso dominante, jamás se había nadie atrevido a molestar a unas religiosas a quienes todos reconocían su incansable labor en pro del necesitado. Al margen de estas turbulencias políticas, durante esta etapa se construyen nuevas escuelas públicas en La Corza y en las calles Barzola, Procurador, Arroyo y Santa Marina, además de las escuelas salesianas de Triana, y se intenta paliar el déficit de viviendas con la construcción de tres barriadas completas de casas baratas. En junio de 1935 se inauguró en el parque de María Luisa la glorieta dedicada a la memoria de la cantante Ofelia Nieto; también se derribó la Cárcel del Pópulo, formalizándose la venta de la Dehesa de Tablada; en enero de 1936 el Ayuntamiento hace público que ha logrado que el Gobierno autorice la instalación de un Museo Naval en la Torre del Oro, monumento que la ciudadanía sólo había podido admirar por fuera pues hasta entonces había sido sede de la Comandancia de Marina, que se trasladó al pabellón construido a este efecto en los terrenos que fueran de la Exposición. En el mes de febrero se produce una grave inundación que afecta a casi toda la ciudad, pero muy especialmente a la alameda de Hércules, Heliópolis, Amate, Ciudad Jardín, La Corza y El Fontanal, quedando sumergida la vega de Triana. Tras las elecciones de febrero de 1936 D. Isacio Contreras presentó la renuncia a su cargo.

25 de febrero a 19 de julio de 1936.- Don Horacio Hermoso Araújo. Obtiene la alcaldía en las elecciones del Frente Popular, iniciándose a continuación la depuración de funcionarios municipales, obligando a dimitir a todo el que no era ideológicamente afín o, en todo caso, hacerle la vida imposible. El 3 de junio es asesinado en la calle Álvarez Quintero, el director de la Prisión Provincial, Sr. Avezuela Martín. La inseguridad ciudadana está a la orden del día. Las Juventudes Marxistas Unificadas intentan controlar las noches sevillanas ejerciendo como una auténtica policía de barrio, uniformados con camisa azul y corbata roja. A las nueve de la noche del 17 de julio se conoce en Sevilla que las tropas de Melilla se han sublevado. Durante la noche se producen nuevos atentados y tiroteos, pero la ciudad amanece en calma. El Ayuntamiento se concentra en Cabildo permanente y se decide convocar al pueblo en atención a lo que pueda suceder. Desde el Ayuntamiento parten órdenes concretas y grupos de obreros salen a al calle repartiendo octavillas y alertando sobre los elementos civiles que puedan estar con los sublevados. Grupos de hombres armados recorren las calles de la ciudad, especialmente en La Macarena, San Julián y Triana. Mientras tanto, el General Queipo de Llano y un puñado de hombres, se han apoderado de capitanía deteniendo a jefes y oficiales, ocupando a continuación y de la misma manera el Parque de Artillería y el cuartel de San Hermenegildo donde, tras arengar a la tropa (130 soldados) la envía a La Campana y la Plaza Nueva declarando la ley marcial, tomando a continuación el edificio de Correos, la Telefónica y otros centros oficiales.

Los sublevados cuentan con 66 soldados de Intendencia, 130 de infantería con seis ametralladoras y un pequeño cañón, el batallón de zapadores, una quincena de falangistas y otros tantos requetés y varias parejas de la Guardia Civil. Enfrente hay 40.000 obreros armados un buen número de pistolas, 1.000 guardias de asalto y seguridad, tres coches blindados, más la Guardia Municipal y el Aeródromo de Tablada. A las tres y cuarto de la tarde, el centro es el infierno. Los guardias de asalto, parapetados en esquinas, portales y azoteas, disparan contra todo lo que se mueve mientras sus blindados circulan disparando indiscriminadamente, pero las milicias obreras no aciertan a organizarse. En la Plaza Nueva todos disparan contra todos y, entretanto, la Alameda de Hércules, la Plaza de la Mata, la Cruz Verde, el Pumarejo, la calle Relator es un hervidero de gente pidiendo armas para luchar. En las puertas del cuartel de la Guardia de asalto se reparten fusiles y pistolas dispersándose a continuación en diversos grupos capitaneados por el primero que se le ocurre decir algo. Toda La Macarena, San Julián, la Alameda y la Ronda de Capuchinos están en pie de guerra, pero estas masas, en vez de enfrentarse a los sublevados que están atravesando momentos muy delicados, se deciden por otros objetivos: la Iglesia de Omnium Sanctorum es incendiada con todas las obras de arte que guardaba en su interior, a continuación es saqueada la fábrica de jabones y perfumes que los Luca de Tena tienen en la Plaza de los Carros. En la misma línea estratégica es completamente destrozada la Iglesia de Monte-Sión, se incendia Santa Marina, la Iglesia de San Marcos... y se asaltan las tiendas.

En el Hospicio se establece el cuartel general, de donde se emiten las órdenes a los comités rojos instalados en el centro comunista de la Plaza de San Marcos y en una tienda de la calle Matahacas. La "línea de defensa" se establece por la calle Sol, San Julián, arco de La Macarena, Castellar, Ronda de Capuchinos, Feria, Plaza de San Marcos y Santa Catalina. Desde el Cuartel General se dan órdenes para detener a los "sospechosos" en una larga lista de nombres y domicilios mientras se reparten alimentos y bebidas procedentes de las tiendas asaltadas. Simultáneamente son incendiadas las iglesias de San Gil, San Julián, San Juan de la Palma, las Salesas, San Roque y el convento de San José, mientras se suceden los desmanes y algunos de los más salvajes y absurdos crímenes de la Guerra Civil. En Triana también se preparan barricadas y se inician las primeras "detenciones" y asesinatos. En San Bernardo también están organizadas las milicias pero se limitan a quemar el hermoso templo de San Bernardo y a asesinar bárbaramente a su párroco, pero tampoco se acude a enfrentarse con los sublevados. Mientras, en un golpe de audacia rayando en la locura, un comandante y seis soldados toman posesión del Ayuntamiento rindiendo a toda la Guardia Municipal, los concejales y el propio alcalde, Sr. Hermoso Araújo, que son detenidos y trasladados al cuartel del Carmen. Poco después caerá el Hotel Inglaterra y el Gobierno Civil que estaba en la calle Méndez Bejarano; y también la cárcel, de donde se libera inmediatamente a los presos políticos por lo que muchos falangistas engrosarán las filas de los sublevados. Por último, se ocupa Radio Sevilla, comenzando desde el primer momento las charlas radiofónicas de Queipo de Llano. En estos momentos el general sublevado ha tomado buena parte del centro de Sevilla por lo que, gradualmente, logra que se le una todo el ejército, salvo los jefes y oficiales detenidos, más muchos civiles que se han agregado, pero los barrios de Sevilla están dispuestos a defenderse tras las barricadas, pero sin disciplina alguna. Ese mismo día y al siguiente, la aviación gubernamental bombardea Tablada; pero el día 20 llegan dos aviones procedentes de Marruecos con un teniente, 2 sargentos y 19 legionarios estableciendo el primer puente aéreo de la historia, que inmediatamente Queipo hace pasear una y otra vez por las calles de Sevilla para hacer creer que había desembarco toda La Legión. Cuando más tarde aterriza otro avión con un comandante y 20 legionarios más, decide tomar Triana mientras los directivos socialistas, comunistas y sindicalistas continuaban analizando la situación. El martes, 21, las tropas de Queipo avanzan por el Puente de Isabel II mientras reciben fuego de pistolas y fusiles desde Pureza, San Jorge y San Jacinto. La artillería acaba con las barricadas y, sin apenas bajas, Queipo toma Triana. El 22 son ya varios miles de sevillanos los que se ofrecen voluntarios al General. San Julián, La Macarena, San Marcos y Santa Catalina esperan ahora y se desea aguantar hasta que llegue la ayuda de Madrid. En La Macarena, la artillería de Queipo abre fuego destrozando las defensas y los legionarios avanzan utilizando bombas de mano que causan estragos entre los defensores. La primera línea es tomada. Así, poco a poco, fueron eliminando todas las defensas. Simultáneamente a esta operación, un escuadrón de caballería penetró en San Bernardo pero, sus "defensores", huyen abandonando las armas y no hay enfrentamiento. Al día siguiente, Queipo nombra nuevo alcalde de Sevilla, mientras el Sr. Hermoso Araújo, último alcalde de la República, espera encarcelado la muerte.

Fuente: ABC.

3 comentarios:

María_azahar dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Du Guesclin dijo...

Como dice Charo, qué momentos mas tristes en la historia de nuestra ciudad y de España. Ojalá nunca mas se volvieran a repetir, porque debió ser terrible vivirlos, como nuestros abuelos.

Lo que mas me inquieta es como varía la historia dependiendo del periódico que la cuente; en este caso la fuente es ABC, pero si la lees por otro lado todo varía diametralmente. Quizás en eso aún seguimos estancados, ya que, personalmente, opino que ver quién sufrió más o menos es un debate estéril: simplemente no debe volver a repetirse nunca mas.

Y trágico el fin del último alcalde republicano, muerto por sus ideales. Una muestra mas de la barbarie y sinsentido de esos años.

Un abrazo Javi.

Juan J. Carrasco Lozano dijo...

Javi, datos históricos que completan tu blog de esta magnífica ciudad como es tu SEVILLA.
Aprovecho la visita para desearos unas FELICES NAVIDADES Y UN PRÓSPERO AÑO NUEVO 2010.
RECIBE UN FUERTE ABRAZO, AMIGO MÍO.