domingo, 28 de octubre de 2007

La Capilla de San Antonio


El frente de la capilla está ocupado por una amplia moldura tallada, obra de Bernardo Simón de Pineda en 1668, que enmarca la excepcional pintura de La Visión de San Antonio, que es una de las creaciones fundamentales de la producción de Bartolomé Esteban Murillo. Esta pintura, de aparatosas dimensiones, muestra una armoniosa composición en la que San Antonio se inserta en la parte inferior, con sus brazos abiertos extendidos hacia el Niño, destacando su figura en un ambiente sumido en una suave penumbra. En la parte superior y en medio de un movido rompimiento de gloria aparece el Niño Jesús ingrávido, flotando en el centro de una aureola luminosa enmarcada por numerosos ángeles volanderos.

En el exterior, y sobre la reja de la capilla, se abre una vidriera gótica realizada por Enrique Alemán en 1478 en la que se representa a los Cuatro Evangelistas. El interior se ilumina con una vidriera, fechable en 1685, realizada por Juan Bautista de León.
En el centro de la capilla está situada una magnífica pila bautismal, labrada en mármol blanco y adornada con motivos vegetales en la taza y ángeles danzantes en la base. Es obra renacentista del siglo XVI.

En el muro izquierdo de la capilla está situado un conjunto de cuatro pinturas perteneciente a un ciclo de la Creación realizado por el pintor flamenco Simón de Vos en 1644.
Los episodios representados son La Creación del Mundo, La Creación de los Animales, La separación de la luz de las tinieblas y La separación de las aguas de la tierra. También en este muro izquierdo se encuentran las representaciones por parejas de San Leandro con San Isidoro y Santa Justa con Santa Rufina; con obras fechables hacia 1660, cuyo estilo se puede relacionar con Ignacio de Ries. Obra anónima de principios del siglo XIX es el retrato del Beato Juan de Ribera.

Menor interés tienen las pinturas situadas en el muro de los pies de esta capilla, donde aparece una Inmaculada anónima, de escuela sevillana del siglo XVII, una Virgen con el Niño, obra de un anónimo seguidor de Murillo hacia 1700, un San Pedro orando ante Cristo atado a la columna, anónimo de la segunda mitad del siglo XVII y La imposición del palio a San Isidoro, original de Lucas Vadés, realizada en torno a 1710.

Como todas las grandes pinturas, ésta tiene también en su historia hechos y anécdotas de notorio interés, siendo quizás el episodio más importante a ella referido el que aconteció el día 4 de noviembre de 1874, cuando fue recortada del lienzo la figura de San Antonio por un desaprensivo que la robo, haciéndola llegar hasta Nueva York, donde se ofreció en venta a un anticuario. Éste, conociendo la procedencia de la pintura, la adquirió para después devolverla a la Catedral sevillana. El Lienzo, debidamente restaurado con la figura del Santo perfectamente integrada de nuevo en la pintura, volvió a exhibirse completo en 1875.

En el ático del retablo figura El Bautismo de Cristo, pintura que pertenece también a Murillo, aunque fue realizada en 1668, doce años después que el San Antonio. Es obra de Excepcional calidad y está ejecutada con una soltura admirable, pocas veces superada en la producción del artista.